La Muchacha sin Alma
Hay una muchacha que tiene ojos, manos y pies, pero no tiene alma. Su pobre corazón está vacío. Ella quiere querer, pero no sabe cómo y fracasa en su intento, y es porque tiene el alma seca, repleta de cosas falsas, de mentira. Cuánto siento la soledad de la muchacha sin alma. Qué hueco debe haber en su corazón. Cuántos desvelos y angustias en su alma sola. Hasta en su risa hay falsedad. Es pronta para dar, pero cuando alarga su mano, es fría, porque es un bloque de hielo su alma. Cómo me preocupa y me asusta la muchacha sin alma. Me encantaría calentarla con mi abrigo, pero es escurridiza, no deja conocer su interior. Está cerrada con pared de hierro… Y es porque la pobrecita no tiene alma. No la puedo obligar. Qué tristeza, qué amargura ha de sentir, con sus acompañantes los muertos.
No hace mucho que su alma prodigaba el mensaje de amor. Amaba a Jesús. Su rostro irradiaba gozo, paz y amor. Pero hoy, al alejarse de Jesús, la muerte es su única amiga, y el vacío de su corazón sin Él no tiene remedio.
No permitas que tu alma se pierda, piensa en la muchacha que se quedó sin alma, busca en el firmamento al Dios de lo creado. Alábale, obedece Su palabra, ámale con todas tus fuerzas y entendimiento, y a tu prójimo como a ti mismo, para que no te suceda como a la muchacha que se quedó sin alma.
Cada Día
Con el cansancio normal del que se afana en lo que se deshace, en lo que termina; soltando las ataduras, sin acabar, entrelazando lo de ayer con lo de hoy, hastiada de querer y regresando de lo complicado; pensando que hay algo más, que hoy no es la única existencia, la de dormir, despertar y el volver a empezar… Sin más nada, desvié el camino de esas regiones donde me cansaba y me molestaba para seguir la empinada y dura cuesta. Con el anhelo de perseguir, con el desespero de escapar, pidiendo con cuerpo y alma por algo más duradero, más valioso, sintiendo que es tan real como la misma vida. Y estando ya al frente de lo que permanece, se olvida Señor, el cansancio de lo vivido. Y eso es para que no nos cueste llegar a la cima, y para que desista de buscar lo tan liviano, para que no se nos borre el panorama de lo más grande y sublime, y no volvamos al mismo sitio del que asfixiados quisimos salir. Sin poder ya, como el pájaro con el ala rota y temblando, sin poder volar, para volver a verter lo amargo de la hiel de cada minuto, con el bullicio del desprecio ensordecedor que rompe en el oído su repetición de cada día…
Hoy Quiero Felicitar a una Pareja Especial
Mi felicitación a esta pareja especial, y desearles un día bendecido en estos veinticinco años de matrimonio. Se lo merecen por ser almas tan nobles, buenas y cristianas. Que su día sea colmado de tantas cosas buenas como de preciosos recuerdos, desde el comienzo en que el cielo bendijo su unión y les dio su aprobación.
Hoy es el día para que ustedes festejen por haberse encontrado. Dos almas unidas en una, dos corazones bien unidos en amor, en confianza, en disposición, prestos a compartir con sus semejantes lo que Dios les ha concedido.
Así son Asbel y Liccy, mis queridos hermanos. Son tantos años de casados, cuidados por Dios y dispuestos en el bien hacer. Por eso mis letras son para desearles hermosos días por delante y toda la capacidad que el Señor quiera brindarles en los años venideros, para que felices y dichosos, sigan hermanos queridos, en la labor de su hogar. Llenos de amor cristiano y de buen corazón. Que se distingan como peldaños para que dispuestos estén todos los que quieran subir imitándolos en el cumplimiento de su tremendo deber, como lo es ser ejemplo en la sociedad, cumpliendo fielmente la ley de Dios y el testimonio a seguir. Que sí se puede servir en el bien y en el mal, en enfermedad y salud, como hueso de sus huesos. Cumpliendo así el mandamiento del sagrado matrimonio por el que Dios les ha bendecido con la unión y esperanza de sus hijos. Fidelidad hasta el final, compromiso fiel y entrega de amor, hasta que la muerte los separe.
Qué dicha tenemos hoy de poder felicitar a esta linda pareja. Sean felices, sonrían, que el cielo les aprueba, y nosotros aquí dichosos les estaremos diciendo: “¡Felicidades linda pareja! Que cumplan muchos aniversarios más junto a sus seres queridos, desde este rinconcito que sabe felicitar”.
La Vejez
Parece que no, pero los años duelen. El tiempo vence y aniquila, se encarga del peso para encorvar, para arrastrar, para arrugar y blanquear la página de la vida y, con ella, hacernos llorar y hasta desviar nuestros pasos. Nos convoca y nos llama a cuentas. Nos impele a retornar y enderezar nuestro camino, hasta alcanzar la tranquilidad de los años maduros. Años de mesura y respeto, de llenar el cofre con los tesoros del camino. Asegurando, escondiendo en cada perla la enseñanza de la vida, para servir con la experiencia adquirida al que comienza en su lozanía. A aquel que va a despuntar un nuevo día lleno de brío y coraje, mostrando la fortaleza del ingenuo vigor juvenil.
La sabiduría adquirida en la vejez es un reflejo de la fortaleza desplegada en la juventud; el vigor no desaparece, se oculta para darle lugar al entendimiento, se sostienen la una y la otra. Al pasar por las veredas, acompañados de recuerdos e ilusiones, cuando todo se acaba y cuando todo vuelve a comenzar; cada día al enfrentar la vida, entre abrojos y sembrados, en medio de un despertar, divisamos en lontananza la grandeza del poeta, que ha pintado en mente y alma el paraíso perdido. ¡El paraíso perdido! He ahí el verdadero sentido de la vejez. No son las arrugas del anciano las que se contraponen a la grandeza de la Creación, ni las fuerzas del joven las que armonizan con los primeros destellos del Sol. ¡No! No es la fuerza de la gravedad ni la belleza de los rosales la que nos aleja o acerca al Creador. Hay jóvenes viejos y hay ancianos llenos de vida.
La vejez se vence en una mirada introvertida, histórica y real, al reconocer que debemos recuperar nuestra naturaleza caída, entregándonos al segundo Adán, al hombre perfecto en quien habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente: Jesucristo hombre.
Si lo recuperamos, si caminamos unidos, yo viejo, tú joven, entrelazados de la mano, un día llegaremos a la Canaán prometida. Y allí, envueltos de esperanza, anticipando Su llegada, estaremos, yo viejo, tú joven, viviendo la grandeza del momento. Esperando en el tiempo que no acaba ni envejece. En ese frescor donde ha comenzado la verdadera vida –no esta quimera-, estaremos los dos entonando una canción de gratitud y de amor. Afinando en la entonación, para que juntos los dos cantemos hoy la canción del ayer –el ayer del huerto del Edén- en el brío del hoy.
Yo viejo, tú joven, en unidad, porque la vejez es la juventud del ayer, y la verdadera juventud se halla en la regeneración del alma; el volver a nacer.
Quiero dedicarles este escrito a todos los ancianos, con mucho cariño, y decirles !Felicidades! por celebrarse la semana especial de los ancianos en nuestra Iglesia.
Para mí Querido Administrador y Hermano
Hoy es el cumpleaños de dos figuras en una, el Admin de esta página, y mi querido hermano. Es imposible describir la gratitud que emana de mi corazón hacia los dos.
Explicar con palabras no puedo toda la ternura y amor que siento, ¡quiero tanto a las dos figuras! Son tan iguales, tan entregadas, tan trabajadoras, y tan especiales… Cumplen tan bien su función, como administrador, y como hermano, que los quiero por igual.
Cuántas cosas buenas les deseo en este su cumpleaños. Mucha dicha bienhechora, mucha consolación, tanta dicha con razón, la beatitud perenne y un sinfín de cosas buenas que el cielo les asigne para poderse mover con la satisfacción alcanzada. Somos muchos los bendecidos con su trabajo diario, y todos lo amamos.
Querido Administrador, quiero darte las gracias ¿Qué más pudiera ofrecerte? Aquí tienes mi gratitud desbordada y rendida, por hacernos vivir hermosuras por días, enriqueciendo de gloria nuestras almas con el buen gusto, con el conocimiento que el Señor te ha concedido, desarrollando el talento del premio que has adquirido, como hermano tan querido y como el encantador Admin.
Hermano gracias por enseñarme lo que yo no sabía para llegar a esas vías preciosas de comunicación por medio de esta enriquecedora ruta, la del tren rápido del corazón. Siempre hay almas que esperando están que caigan las lluvias del amor, que bañen sus almas también de solas, y refresquen sus gargantas que ya secas están, sin probar el manjar que el cielo brindado está, a todo el que lo quiera alcanzar, y disfrutar, desde tanta comodidad, como es la del hogar.
A las dos figuras, al respetado admin y al amado hermano, hoy les quiero decir: ¡Felicidades!
Negarte a ti Mismo Es…
Cuando quieras maldecir, bendigas.
Cuando te sientas ofendido, perdones.
Cuando tú quieras ser el primero, cedas tu lugar al prójimo.
Cuando te pidan caminar una milla, camines dos.
Cuanto te den en la mejilla, pongas la otra.
Cuando quieras estar en el primer lugar, tomes el último.
Cuando quieras ganar tu vida, te dispongas a perderla.
Cuando al escape de una lágrima, sonrías.
Cuando las nubes opaquen el sol, puedas cantar.
Cuando la desilusión te arrebate la alegría, glorifiques.
Cuando veas a tu enemigo en necesidad, lo socorras.
Cuando aunque no entiendas por qué a ti te sucedió, lo aceptes.
Cuando renuncies a lo más querido por ganar lo que vale.
Cuando, sin mirar atrás, subas la empinada cuesta.
Cuando, sangrando tus pies, siguas sin detenerte.
Cuando el corazón te duela, calles, creando un aleluya.
Cuando valoras más perder que ganar.
Cuando, amando tu vida, la cuentas por perdida.
Cuando te prohíbas, te estorbes, te desestimes, te impidas, te quites.
Cuando lo haces por morir cada día, para vivir en humildad y obediencia.
Cuando estés haciendo todo esto te estás negando a ti mismo.
Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame San Lucas 9:23.
Despójame
Despójame de todo lo que me lastima y maltrata, para entrar en un mundo mejor de gracia y bendición. Eso es lo que quiero para vivir a tu disposición aquí donde me has puesto. Despójame de lo que no es tu voluntad en mi vida, para agradarte cada día Señor nuestro.
Son tantas las cosas que acumulamos y recogemos en el camino, y es tanto lo que nos contamina, tanto lo que nos perjudica y mancha, que solos no podemos limpiarnos, ni deshacernos de ellas, mi Cristo. Sólo tu sangre vertida por mí puede limpiar y arrancar lo que a mí se ha adherido a través de la vida. Encárgate tú de limpiarme, de lavarme, de emblanquecer mi corazón de cuantas cosas puedan haberlo llenado. Vacíalo, para que exista un altar para ti, que te adore y se llene de tu amor y grandeza. Que no quede nada que lo entorpezca, que lo paralice, porque mi vida está a tu disposición.
Pero tengo que despojarme y limpiarme de los malos hábitos, de las costumbres, de los deseos de la carne, de todo lo que entorpece mi paso y me impida estar contigo. Despójame de mi egoísmo, de mi frialdad, de mis descontentos, de mis amarguras. Que haya entre tú y yo, esa cercanía que caracteriza a tus hijos. Que pase de muerte a vida, para vivir la verdadera vida contigo. Quitando, despojando al viejo hombre con sus vicios y pecados, para renacer a la nueva criatura, que conoce de limpieza y santidad. Sin albergar ya lo que me impide y detiene, lo que me aferra, lo que me gusta, lo que me atrae, para someter mi voluntad a tu gloria, a tu mandato, a tu trabajo, a lo que tú digas, en obediencia a tu santa voluntad.
El Niño de los ojos claros
Ese niño de ojos claros tiene el corazón sensible. Es linda su cabellera y hermoso su semblante. Tiene la bondad de su alma tan clara como sus ojos, y es tan simpático, tan vivaracho como la alondra en su canto. ¡Qué manera de querer al niño de los ojos claros, a mi nieto Danny!
Cuando juega, brinca y salta, ríe y corre. Siento un festín de golondrinas en su vuelo veloz. Me contagia su alegría y, ¡cuánto diera porque fuera así toda su vida! Que sea guardado de las garras del león, y que en su mundo tan solo existiera la diversión. Que no tenga que atravesar por el duro turbión. Que se deslice como un tierno cachorro sin alcanzar la sacudida que le devore el alma. Que resista como el metal sin sufrir los dolores del acero templado, para que no se rompa y la belleza de su rostro siempre resplandezca. Que no haya un solo día que enturbie su mirada. Que esos ojos claros y limpios siempre permanezcan así, y en el más allá se encuentre con su Creador y le entregue su corazón, tan claro como su alma. Sin manchas ni arrugas, como será nuestro encuentro en el cielo azul, en el horizonte, en el más allá donde reinaremos por siempre.
La despedida
Hoy el cielo está arrebolado, porque dos jóvenes se van a cumplir la gran misión de sus almas apasionadas. Y es porque Jesús los llama. No teman, Erwin y Jeinees, porque el señor prometió estar con vosotros dos. Sin preocupación dejen que el Espíritu les guíe. Confiados en Sus promesas trabajen con gran tesón. Él ha visto vuestra renuncia, vuestro amor y entrega, y Él no es hombre para que mienta, vuestras necesidades suplirá, y vuestras lágrimas enjugará. Recuerden que la victoria se obtiene en la perseverancia, y en el dolor es que se aprenden las lecciones más hermosas.
Mi consejo: Confíen en el Dios de lo imposible, ámenlo hasta morir por Él si fuera necesario, lloren hasta derramar la copa, pero no claudiquen, miren siempre al invisible, sueñen verse con Él, esa esperanza les aliviará sus pies y desterrará el temor.
Sé que comienzan en la labor y que hay preocupaciones, pero recuerden que con cada entrega hay un galardón; en todos los cielos hay nubes, y a cada rosa le acompaña la espina. Que nada les detenga, porque Jesús es vuestro capitán y abogado, llénense de brío que el Señor irá al frente.
Les queremos, y en esta despedida hay una demostración de nuestro sincero amor. Nuestras oraciones serán vuestra compañía y queremos oír desde aquí el grito de victoria de vuestro trabajo y de vuestras almas valientes. Cuando más arrecie la batalla, cuando más lloren, cuando llegue la desilusión y la soledad quiera abrigarse en ustedes, es cuando más cerca estará la victoria. Arremetan, pero no desistan, Dios está en control.
Dejarán un vacío notable aquí en nuestra obra local, pero nos quedará la satisfacción de que dos de nuestros soldados valerosos van al frente de una gran misión.
Les queremos y siempre van a estar con nosotros, pero allí les esperan, y por eso nos unimos para decirles: “Pronto nos veremos, jóvenes de nuestra congregación”.
Hoy se celebró un lindo programa de despedida, a este joven matrimonio, hubo una cena al final, y quise compartir con ustedes lo que les escribí.
El Dolor
El dolor es buen maestro en el camino de la vida. Cuántas lecciones aprendemos de él. A través del sufrir, el corazón se ablanda y amolda. Cuando duele, la pena permite que su dureza pase a la suavidad y el corazón se torne dulce, y el sentimiento se ennoblezca por ese dolor agudo, que es el encargado de moldear el carácter y de encaminar el alma a los sentimientos buenos. El dolor disciplina el alma voluntariosa y obstinada, siempre dispuesta a hacer su propia voluntad.
Cuando llega el dolor, te somete a la purificación y a la limpieza del corazón y lo inclina a la obediencia, a la voluntad de tu hacedor y Dios, para que sepas y comprendas que Él es quien ordena y manda a desterrar tu sentir, tu querer, tu pensar, para que cumplas tu misión de encontrarte con tu Señor.
El dolor te enseña a amar, a servir, a comprender, a doblegarte, a purificar el entendimiento cuando es obstinado y caprichoso.
Hoy que el dolor ha llegado y te ha abrazado, acéptalo. Sométete, no reniegues y aprende la lección que el Creador te ha dejado, para que crezcas y seas fuerte como el árbol que profundiza sus raíces, buscando el alimento que necesita para crecer vigoroso y fuerte, no endeble, como el que crece en tierra estéril. Sufre, sufre y soporta las embestidas. Cuando llegue la tormenta dóblate como se dobla el árbol, pero permanece firme y tendrás el gozo de levantarte de nuevo con raíces de sabiduría, las que te dará el dolor en tu vida.
Aférrate a Cristo cuando el dolor te invada, y no desistas. Confía, porque al final cantarás la canción de victoria y contento, al comprender el porqué del sufrir, una vez hayan pasado las lecciones hermosas que deja el dolor.