Que te mueva el amor

abril 5th, 2016 Autor: Merari

Hace unos días pude ver a un niño contando unos pocos dólares que su madre le había dado.  Él había sido invitado a pasear y le iban a proveer de todo, pero su mamá, siendo pobre, se quitó todo lo que tenía para dárselo al hijo que se iba a ausentar por unos días.  Mis entrañas de madre se conmovieron al ver esa linda acción, y enseguida vino a mi mente el relato de la ofrenda de la viuda. En la palabra de Dios encontramos un caudal de bellas y ricas lecciones que pueden ayudarnos grandemente en nuestra vida cristiana.  En el Evangelio de San Lucas 21: 1-4: “Y mirando, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca.  Y vio también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.  Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos.  Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; más ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.”

 

Dos cosas vio Jesús, vio la diferencia entre la ofrenda de los ricos y la de la viuda. Ellos daban de lo que les sobraba, mientras que ella daba todo su sustento, todo lo que tenía.  Aquí podemos notar cómo Dios se fija en los corazones de los hombres. Jesús hizo un reconocimiento público de ese hecho al decir que echó más que todos, aunque era poco comparado con la ofrenda de los ricos, pero era todo lo que tenía.  Jesús no pasó por alto la obra de esta pobre viuda.  Dios se fija en todo, no pasa por alto lo que hacemos. Dios tiene todo registrado, por eso cuando damos algo, lo que tiene mérito es el amor con que lo ofrecemos, no la cantidad.  Cuando demos, hagámoslo con verdadero espíritu de caridad, por amor a Dios y a los nuestros.  Seamos generosos como Jesús quiere que seamos.  No me sobra, no tengo de más, pero quiero dar lo que tengo con fe, como la viuda, sabiendo que Dios proveerá.  Alarga tu mano, y la bendición de Jehová no se hará esperar.  Da con alegría, de buen ánimo, que “Dios ama al dador alegre”.

Mi petición

marzo 30th, 2016 Autor: Merari

Hoy le pedí a Dios que me cuidara.  Que estoy consciente que soy frágil y no quiero ofender Su santidad.  Le pedí que velara por mí, porque no es suficiente mi propio cuidado.  Me siento indefensa ante los ataques de nuestro Enemigo que se ensaña contra nosotros.  Necesito Su fortaleza para triunfar.  Hay tantas distracciones, tanta confusión, tanta facilidad para que nuestros pies se desvíen de la senda y divaguen por otras veredas.  En medio del entretenimiento y descuido, embriagados de los deleites mezquinos que nos pueden tragar como remolinos, desapareciéndonos y  tratando de desviar nuestra vista del blanco, el premio que es en Cristo Jesús.  No quiero manchar mi vestidura con la que tendré que presentarme delante de Él.

 

Hoy le dije que es tan fuerte la lucha de las corrientes contrarias, que lo necesito para que sostenga mis brazos fuertemente y no me deje hundirme en el lodo de la maldad, de las malas obras, del desatino, del descuido.  Le pedí que arrancara la mala hierba de los prejuicios, los sinsabores, la mala plaga del orgullo y la pasión que ahogan la fe y manchan la conciencia y el decoro, y al corazón lo plagan  del veneno de los celos y envidias, que se levantan como pirámides para destruir las buenas obras, el compañerismo, la buena voluntad, la dulzura, la buena conciencia.  En fin, el amor… qué es lo que rige el corazón de todo buen cristiano, para que se levante puro, limpio y santo para Dios.  Dejando las bajezas de las malas intenciones, y las raíces de amargura que no compaginan con una vida limpia, en la que imperan la justicia y la santidad.  Le pedí que así, en humildad y oración, quisiera estar, hasta ese día, lleno de gloria, cuando Él venga a redimirnos, libres ya de azotes y malos pensamientos, ensalzando al Único digno, domando ya a nuestra vieja naturaleza, el hombre primitivo que no conoce de cordura y sensatez, para alcanzar un cuerpo nuevo y una vida nueva con Cristo, donde todo será gozo y paz por el espíritu Santo.

 

Todo esto le pedí, porque quiero brincar la muralla del pecado para esconderme allí, bajo Su regazo y mantenerme guardada hasta Su venida, que ya no tarda, para vivir una vida plena con Cristo en las mansiones celestiales donde me espera, ¡aleluya!

 

 

Abandónate en Sus brazos

marzo 21st, 2016 Autor: Merari


Abandónate en sus brazos y no sufras más, fueron mis palabras o mi consejo para aquel muchacho afligido, lleno de preocupación.  Con tristeza  pude notar que no se había refugiado en Dios.  Lo abrace y le dije: “Cree, porque al que cree, todas las cosas le son posible. Todo va a estar bien, muchacho”.  Yo aprendí a través de los años, en medio de sufrimientos, a abandonarme en los brazos de mi Dios, y me digo a mí misma: «Si yo creo que Él tiene todo el control, es dueño del universo, y todo se mueve a Su voz, si la creación obedece Su mandato, ¿por qué tanta preocupación?  Además, hay cosas para las que yo no tengo la solución, y como humana puedo sufrir, hasta cierto punto, lo demás Él lo resuelve.  Aprende a abandonarte en Sus brazos, es lo mejor.

Qué bien se siente estar sostenida, apretada en unos brazos fuertes y tiernos a la misma vez.  Experimentas un abrazo suave que te llena de paz y esperanza en el corazón.  Te transmite sosiego y paciencia para esperar cuando sea Su voluntad y cuando Él lo designe, porque yo no puedo llegar a ver lo que Él ve.  Pero una cosa sí sé, que lo que Él decida va a ser mejor que lo que yo desee, porque Él me ama mucho más de lo que yo puedo amarme, y me conoce mejor que lo que yo pudiera conocerme, y sabe lo que es mejor para mí.  Cuando estoy en Sus brazos tengo la certeza de estar en el mejor de los lugares.   Él no traiciona, ni abandona, Él quiere lo mejor para mí, y me cuida como la niña de Sus ojos.  Qué confortante es saber esto, si siempre entendiéramos así sufriríamos menos, nos preocuparíamos menos y pondríamos nuestras cargas sobre Sus hombros, que son más fuertes que los nuestros, porque son capaces de sostener cualesquiera de nuestros problemas.  Nosotros podemos ver todo tan grande y difícil, si desconocemos al verdadero Jesucristo.  Él todo lo puede, no hay dificultad que no pueda cambiar.  Son Su voz de mando nada se hace esperar, y una cosa puedo decirte, no hay deleite y dulzura más grande que estar abandonada en Sus brazos.  Ahí en Su regazo está toda la tranquilidad y el bienestar nunca antes conocidos.

 

Como le dije a aquel joven en su preocupación, te digo a ti también.  Hoy abandónate en Sus brazos, esa es la mejor medicina para el enfermo, la mejor consolación para el alma triste, el más dulce de los sentimientos para el despreciado, solo y abandonado, la mejor de las caricias para el huérfano y la viuda.  Y para el pecador, el mejor  perdón, porque en Sus brazos te olvidas que existe el dolor, porque Él sabe penetrar hasta el último rincón de tu corazón llenándolo de solaz.

 

 

El velo se rasgó

febrero 9th, 2016 Autor: Merari

 

Lo más importante del tabernáculo era que la presencia de Jehová estaba allí. Dios estaba detrás del pesado velo.  Cuando Jesús murió en la cruz, el velo se rasgó.  Quiere decir que ahora está abierto y libre el camino hacia el cielo, por medio del cuerpo de Cristo en la cruz. “Porque con una sola ofrenda hizo perfecto para siempre a los santificados”. (Hebreo 10:14)

Del mismo modo, la presencia de Cristo en nuestras almas es el hecho más importante, habiendo desaparecido el velo de separación y no habiendo, por parte de Dios, ningún impedimento para acercarnos a Él. “Vayamos confiados al trono de Su gracia.  Entremos al lugar santísimo. Porque no tenemos un pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; más tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. (Hebreos 4:15)  

 

Permítenos que diariamente estemos en comunión contigo aquí en la tierra, para acostumbrarnos a estar a tu lado en la gloria del cielo cuando lleguemos allá. Que nada nos impida estar en el lugar santísimo, que muramos cada día para levantarnos transformados. Rasga el velo de nuestro egoísmo, aunque sea doloroso, despójanos de lo que nos impide crecer a tu lado, así como rasgaste en dos el velo del templo, para que nos acerquemos a ti en plena certidumbre de fe.

Por medio de su sangre tenemos entrada al Trono de la gracia.

Un enemigo moral

enero 25th, 2016 Autor: Merari

Cristo nunca se manifestará a nosotros, si no sentimos vivos deseos de verle. ¡Él quiere que le deseemos! Y triste es decirlo, pero Él nos ha estado esperando a algunos de nosotros por mucho tiempo.

No te sientas cómodo y conforme tal y como estás.  Cuando todo está bien, cuando no hay inquietud y necesidad de la búsqueda de Dios, ¡Cuidado! Eso es un peligro, tenemos que tener ansias de conocer más al Señor, de sentirlo en nuestro corazón.

A. W. Tozer, en “La búsqueda de Dios” hace esta preciosa oración que quiero compartir con ustedes.

“Padre, ansío conocerte, pero mi cobarde corazón teme dejar a un lado sus juguetes. No puedo deshacerme de ellos sin sangrar internamente, y no trato de ocultar el terror que eso me produce.  Vengo a ti temblando, pero vengo. Te ruego que arranques de mi corazón todo eso que ha sido tantos años parte de mi vida, para que tú puedas entrar y hacer tu morada en mí sin que ningún rival se te oponga. Entonces harás que tu estrado sea glorioso, no será necesario que el sol arroje sus rayos de luz dentro de mi corazón, porque tú mismo serás mi luz, y no habrá más noche en mí. Te lo imploro en el nombre de Jesús, amén”.

Aléjate de la complacencia, busca a Dios. “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré: Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”.

“La complacencia es la enemiga mortal de todo crecimiento espiritual”.

 

 

Gracias Jesús, por nacer

diciembre 23rd, 2015 Autor: Merari

 

 

 

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¿Qué hubiera sido de nosotros si tú no hubieras nacido, mi lindo Jesús?

Con tu llegada hemos recibido paz, reconciliación, esperanza, sanidad, vida, amor, el amor que es lo más grande y lo que permanecerá para siempre.  Nos has envuelto en la dulzura de tu amor, y con tu llegada nos has dicho cuánto nos quieres y cuánto valor tenemos en tu presencia.  Eres el supremo regalo de amor.  Por eso, aunque muchos en este día no quieren festejar tu llegada aquí a la tierra, yo quiero decirte: “Gracias Jesús, por nacer y traer con tu nacimiento la alegría de esperar verte cara a cara, porque tu venida me reconcilió con mi Padre celestial, porque “sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.  Te despojaste de toda tu gloria, ofreciste tu vida para salvar la mía.  Que sean mis lágrimas las que te digan desde lo más profundo de mi corazón: “¡Gracias Jesús, por nacer!  Gracias por pagar mi deuda en la cruz. ¡No hay mayor amor que éste! Dios llevó nuestros pecados sobre sí mismo; este es el acto incomparable del amor de Dios. Jesús, el Hijo de Dios, tomó el castigo en nuestro lugar.  Él fue nuestro sustituto. Jesucristo, “el cual siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios, como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”  (Juan 3:16).

Me uno a este  compositor, porque tiene mi mismo sentir: “Con qué pagaremos el inmenso amor, que diste tu vida por mí un pecador.  Señor Jesucristo conforta mi alma para que yo pueda seguir en la lucha y servirte mejor”.

Gracias Jesús, por nacer, por traer luz a este mundo lleno de oscuridad, por traer alegría donde había tanta tristeza, por llenarnos de tantas cosas lindas que sin ti no existirían, porque el mundo estaba lleno de egoísmo, de dolor, de afán, cargado de incomprensión, y tú lo has cambiado en gozo, en bienestar, bondad, fe y dulzura.  Porque tú eres todo lo bueno y santo que hemos conocido.  La desolación y desesperación las cambiaste en misericordia, en abnegación, enseñándonos el camino del perdón y las buenas acciones, para que andemos en humildad y grandeza de alma, como gente de bien, donde nos espera un mañana de gloria en los cielos, cuando seremos transformados y cantaremos en coro, el más bello de los cánticos de Sion, honrando y alabando tu nombre y celebrando por siempre a Jesús, quien un día nació para darnos el más hermoso de los ejemplos de lo que es la vida con Dios

Gracias Jesús, porque naciendo en Belén, también lo has hecho en mi ser.  Siempre te celebraré y diré: “Gracias Jesús, por nacer”.

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Din don, din dan

diciembre 23rd, 2015 Autor: Merari

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Que suenen las campanas en esta Navidad, anunciando al mundo la llegada del niño Jesús.  Din don, diga nuestro corazón, porque Jesucristo, el niño de Belén, ha nacido dentro de nuestro ser. ¡Qué maravilla! Un Dios tan alto, tan grande, omnipotente, tan sublime y santo.  Venir a esta tierra a sufrir, para cargar en Su vida todo el peso de la humanidad.  Escarnecido, vituperado, maltratado, llevando el dolor de nuestras enfermedades y pecados para enclavarlos en la cruz, y con Su sufrimiento darnos vida y salvación.

Que repiquen las campanas, din don, din dan. ¡Ha nacido Jesús! Y en esta Navidad traeremos a nuestra memoria los sufrimientos del Mesías.  Recordaremos porqué nació y, siendo tan sublime y hacedor de maravillas, ha entrado en mi pobre corazón !Quédate por siempre Jesús, en mí! El humano es tan mudable, tan inestable, y yo quiero que siempre sea Navidad, quiero seguir oyendo el doblar de las campanas anunciando tu llegada.  Din don, din dan.  Que me embelese ese canto.  Y llena de admiración y gratitud me postre ante tu presencia, honrando tu nombre santo, y glorificando tu alteza y soberanía.  A ti que me has amado con el más grande de los amores, a ti que sin poder pagarte, me has lavado con tu sangre y hoy soy limpia y tengo entrada a esa gracia.  Din don, din dan, dicen las campanas y canta mi corazón.  Din don, din dan, es la Navidad que regresa.

Feliz Navidad a todos nuestros amigos y lectores. Unámonos a las campanas, Din don, din dan.

 

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Dios siempre está presente

diciembre 14th, 2015 Autor: Merari

 

Vivimos tan apurados, inmersos en la rutina diaria.  Tanta ocupación nos puede hacer perder el sentido de nuestra vida y en algún momento podemos sentirnos desorientados, solos, pero si prestamos un poco más de atención y nos detenemos a pensar un instante podemos darnos cuenta que cada paso que damos en cada situación que vivimos buena o mala, Dios está ahí.  Él espera que lo escuchemos y se alegra cuando lo encontramos.  Creo que, equivocadamente, muchos de nosotros creemos que sólo podemos encontrar a Dios en momentos extraordinarios o milagros sobrenaturales. Y Dios está en esos momentos, pero también está a nuestro lado en cada paso que damos.

 

Esta tremenda verdad algunos la sabemos, otros la ignoran, pero Dios siempre está presente.  Por eso el salmista, conociendo la omnipresencia de Dios, nos dice en el salmo 139: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?  Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo de la mar.  Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”.

 

El patriarca Jacob, en la soledad del desierto, tuvo una visión de Dios, y asombrado por ella exclamó: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16). Jacob no había estado nunca fuera del círculo de Su presencia, pero no se había dado cuenta de ello, a  eso se debieron sus inquietudes, y a eso se deben las nuestras.  Cuántas y cuántas personas desconocen que Dios está presente en sus vidas. ¡Qué diferente fuera todo si las personas  lo supieran!  Cuando  comenzamos a poner nuestra mirada en Dios, entonces es cuando  obedecemos Su Palabra, y es entonces cuando se apodera de nosotros una nueva conciencia de Dios, y empezaremos a sentir interiormente que Dios es el todo de nuestra vida, porque Él siempre está presente.  El alma tiene ojos que ven y oídos que oyen. Tal vez están débiles por el poco uso que les damos, pero por el toque del Espíritu Santo podemos recuperar su fuerza y ser capaces de poseer la vista más aguda y el oído más fino.

 

No hace falta gritar pensando que Él está tan lejos. Él está más cercano a nosotros que lo que nosotros podemos entender, Él está íntimamente ligado a nosotros, pero cuando estamos demasiado enredados en las cosas materiales, en las cosas de esta vida, no nos damos cuenta que Él está aquí a nuestro lado, que camina con nosotros, viéndolo todo, y lo más hermoso, ayudándonos en todo y librándonos de tantos pasos falsos que damos desapercibidamente.  Cuando te sientas que la carga es pesada, recuerda que Dios siempre está presente.

 

Mi gratitud

noviembre 25th, 2015 Autor: Merari

Imposible pasar por alto este mes de la gratitud, o este hermoso Día de Acción de Gracias, porque mi corazón rebosa de ¡tanta gratitud!

Es tanto el bien que he recibido, sin merecer nada, que no me canso de repetir una y otra vez: “Dios es  tremendamente bueno conmigo, y con los míos,  y con todos mis hermanos”.  Este año especialmente que ha sido un fluir de misericordias  y amor, Su gracia se ha derramado en una forma admirable y son muchos los corazones que han sido consolados, porque Él ha abierto las puertas de los cielos para bendecirnos, y  está derramando Su Espíritu Santo a todo el que se lo pide y se postra arrepentido.   Él lo levanta, grande ¡oh Señor es tu fidelidad! ¿Qué tenemos para ofrecer si todo Él no los da?  ¿Qué somos?  Si cargamos un sinfín de debilidades, y arrastramos un sin número de miserias, siempre cayendo en las mismas faltas, queriendo ser perdonados, sin poder perdonar, y aun así, Él no nos ha dejado solos.  Y acude a la mayor necesidad.  Siempre está ahí para consolarnos y darnos el dulce abrazo de Su perdón, acariciándonos con un profundo amor que nos estremece, perdonando nuestros pecados sin arrojarnos la piedra  -aún mereciéndola-.  Desde lo más profundo de mi ser quiero decirte: “¡Gracias Señor, por todo y cada uno de tus consuelos y de tus ternuras!”

 

Cada vez que siento esta fe que me sostiene, esta paciencia que me hace esperar segura de que llegará lo que me has prometido, hay una dicha que no tiene explicación.  Cuando me doy cuenta que otros no pueden sentir lo que yo siento, porque no les han sido revelados estos misterios y la grandeza  de la salvación, y veo sus ojos cerrados, y que sus oídos no pueden percibir esa dulce y armoniosa melodía de Su voz, y no sienten el toque de Sus suaves manos, ni pueden andar por la vereda que Él me ha enseñado,  cuando mi vida toda se envuelve en Su exquisito aroma, queriendo permanecer así estática para no olvidar, para no confundir lo superfluo con lo divino, tengo que decir desde lo más profundo de mi alma: “¡Gracias Señor, Tú lo eres todo para mí!”

 

Esta es mi gratitud.

El afán de la vida

noviembre 15th, 2015 Autor: Merari

Hace varios años decidí vivir un día a la vez, porque comprendí que de esa manera las preocupaciones no absorben mi estado de ánimo, ni me derrotan. El afán es “trabajo excesivo que ocasiona congoja, fatiga, angustia o aflicción de ánimo”, según el diccionario. 

Hoy vemos muchas personas extremadamente angustiadas por la ‘necesidad’ de tener más, las personas que ponen su confianza en la seguridad que provee el dinero, se olvidan que en su empeño por evitar la angustia que produce la necesidad y la pobreza, acumulan mayor angustia al olvidar las cosas que realmente tienen valor, el amor, la unión familiar, la paz y la santidad que solamente se halla en Jesucristo.  El hombre de fe tiene un antídoto contra el afán, que es confiar en Dios y su buena voluntad para proveer nuestras necesidades, no olvidando que Dios tiene el control de todo.

Por eso es necesario descansar en Sus brazos amorosos.  El afán es tan inútil como querer añadir a nuestra estatura un codo, o días a nuestra vida. “Mirad los lirios del campo cómo crecen, no trabajan y ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos, y las aves del campo que no trabajan y el Señor les proporciona alimento”, cuánto más a nosotros que somos corona de toda la creación, ¿o acaso no lo hemos comprobado en los momentos de mayor necesidad cuando nos parece que no hay salida y en el momento menos esperado nos llegan las cosas del cielo?  Aprendamos entonces a vivir confiados en Dios, dejando el afán de la vida.

“Así que no os congojéis por el día de mañana, que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán”.