Para mi Nieto Danny
Hoy es día de fiesta, pues Danny quiere que le compre una piñata para celebrar sus cinco añitos. ¡Cuántas preocupaciones y desvelos!, pero… Danny, ¡ya estás creciendo! No puedo pasar por alto aquel día que Dios te regaló el don de la vida, y hoy también aquí en el Rincón con mis amigas quiero celebrar y felicitarte.
El otro día me prometiste regalarme una chihuahuita, y cuando viste que me asusté me dijiste con aquella inocencia que nunca olvidaré: “Ma, ella da ‘hugs y kisses’, ella no hace pipi ni popo, ella da abrazos y besitos”. Me hiciste reír tanto y te alegraste, porque me conoces, aunque eres tan pequeñito. “Gracias, mi niñito”, te dije, y se notaba tu felicidad.
Qué regalo tan lindo Dios me dio con tu llegada, y qué feliz me haces, no sólo a mí, sino a todos en casa. Cuando juegas y brincas en un pie es que estás lleno de felicidad, así como cuando cantas tus cantitos inventados. Cuando hago arroz con leche y aún está hirviendo, con olor a canela, me dices: “Mami, smells good, is this for me?” (Mami, eso huele bien, ¿es para mí?). Sé que te gustan mucho las comiditas de tu abuela. Y qué decir de cuando te bañas y sales para darme a oler tu cabeza, porque huele muy bien…
Gracias, Danny, por ser así tan especial. Hoy hay que romper la piñata, hoy es día de fiesta, porque es tu cumpleaños. ¡Te amo, Danny!
Diario Inconcluso
Mi hijo más pequeño, siendo un adolescente, tuvo una relación con una mujer un poco mayor que él. Ella quedó embarazada de él, y le dijo que quería hacerse un aborto. Él se preocupó mucho y no podía dormir con esa preocupación. Decidió hablar con nosotros, sus padres, y enseguida le dijimos que le dijera a ella que no cometiera ese crimen, que nosotros estábamos dispuestos a cuidar del niño cuando naciera, pero que no abortara. Gracias a Dios que ella nos hizo caso y por fin decidió dar a luz. Al niño que les nació le llamaron Danny, y es mi querido y amado nietecito a quien todos queremos tanto, y de quien les escribo en mis anécdotas. Lo presentamos al Señor cuando tenía 40 días de nacido, para que el Señor enviara un ángel para protegerlo y guardarlo. Ya Danny sabe orar y conoce a Dios, porque así lo hemos instruido, en el camino del Señor.
Daniel y yo le dimos un consejo a nuestro hijo del que nunca nos podremos arrepentir. Danny es una criatura de Dios, es mi compañerito, y nos hace reír, y es un motivo más para que nos esforcemos por él. Hay muchos bebés que pudieron tener la suerte de Danny, el derecho de la vida, que nadie le puede quitar a una criatura, ni tan siquiera sus propios padres, pese a las salvedades de las leyes humanas. Yo le pido a los jóvenes y todos los que se hallen en circunstancias similares, que por favor, no caigan en el crimen del aborto, porque si las leyes humanas los resguarda, la ley de Dios les castigará.
Quiero compartir con ustedes el diario de un bebé que no tuvo la suerte de Danny, un bebé al que no le dieron la oportunidad de abrir sus ojos al mundo.
Diario Inconcluso
Octubre5-Hoy comenzó mi vida.
Mis padres no lo saben todavía, soy tan pequeña como una semilla de manzana, pero ya soy yo. Y a pesar de que casi no tengo forma aún, seré una niña. Tendré cabellos negros y ojos negros y sé que me gustarán mucho las flores.
Octubre19-He crecido un poco, pero soy todavía demasiado pequeña para poder hacer algo por mí misma. Mama lo hace casi todo por mí. Y lo más gracioso es que ni siquiera sabe que me está llevando consigo., precisamente debajo del corazón. Y alimentándome con su propia sangre.
Octubre 23-Mi boca comienza a cobrar forma. Parece increíble; dentro de un año poco más o menos ya estaré riendo, y más tarde ya podré hablar. Desde ahora ya sé cuál será mi primera palabra: “Mamá”. ¿Quién se atreve a decir que todavía no soy una persona viva? Por supuesto que lo soy, Tal como la más diminuta miga de pan es verdaderamente pan.
Octubre 27-Hoy comenzó a latir mi corazón por su cuenta. De ahora en adelante latirá suavemente toda mi vida, sin detenerse nunca para descansar. Luego, después de muchos años, se sentirá fatigado y se detendrá, y yo moriré. Pero ahora no soy el fin, soy el principio.
Noviembre2-Cada día crezco un poquito. Están tomando forma mis brazos y mis piernas. Pero ¡cuánto habré de esperar hasta que mis piernecitas me lleven corriendo a los brazos de mi madre, hasta que mis brazos puedan estrechar a mi padre
Noviembre12-En mis manos empiezan a formarse unos dedos pequeñísimos. Es extraño lo pequeños que son. Sin embargo, ¡que maravillosos serán! Acariciarán un perrito, arrojarán una pelota, recogerán una flor, tocarán otra mano. ¡Mis dedos! Tal vez algún día puedan tocar el violín o pintar un cuadro.
Noviembre 20-Hoy el médico le anunció a mamá por primera vez que estoy viviendo aquí, bajo su corazón. ¿No te sientes feliz mamá? Pronto estaré en tus brazos.
Noviembre 25-Mis padres todavía no saben que soy una niña. Quizá esperan un varón. O tal vez mellizos. Pero les daré una sorpresa. Y quiero llamarme Isabel como mamá.
Diciembre 10-Mi carita está completamente formada. Ojalá me parezca yo a mi madre.
Diciembre 13-Ya puedo ver un poco, pero estoy rodeada aún por la oscuridad. Sin embargo, pronto se abrirán mis ojos al mundo del sol y de las flores, y de los niños. Nunca he visto el mar ni una montaña ni tampoco el arco iris. ¿Cómo será en realidad? ¿Cómo eres tú mamá?
Diciembre 24- Mamá, puedo oír tu corazón que late. ¿Oirás tú el pequeño latido del mío? Como un murmullo siempre igual: tum-tum, tum-tum… Tendrás una hijita sana, mama. Sé que algunos niños tienen dificultad al entrar en el mundo, pero hay médicos bondadosos que ayudan a las madres y a los recién nacidos. Sé también que algunas madres habrían preferido no tener el hijo que llevan en su seno. Pero yo estoy ansiosa de encontrarme en tus brazos, de tocarte la cara, de mirarte a los ojos. ¿Me esperas tú con la misma ansia que yo a ti? ¿Verdad que si?
Diciembre 28-: Mamá…mamita querida. ¿Por qué?… ¿Porqué le permitiste que le pusieran fin a mi vida?… ¡Habríamos pasado juntas horas tan felices!
-por H. Schwab
Felicidades en tu Cumpleaños
Cumplir un año más es una bendición que Dios te concede, Mercedes. Este es sólo un año más de los muchos que te esperan, y deseo de corazón que con el paso de los años, uno por uno de tus anhelos y peticiones que tienes ante el Señor se cumplan.
Hoy quiero decirte que te admiro y respeto, porque no has decaído en los peores momentos de tu vida, al contrario, has demostrado tener una fuerza extraordinaria como pocos.
Es tan bonito compartir momentos especiales con una amiga como tú. Quisiera llenar de flores estas palabras para que se acerquen al nivel de tu bondad. ¡Qué maravilla es el bien que plantas a lo largo de tu camino! En el cielo cosecharás un día las sonrisas que hiciste florecer con profusión aquí en la tierra.
Feliz cumpleaños, Meche –como te decimos cariñosamente-. Espero que las alegrías sencillas llenen tu vida y que la felicidad te acompañe. No olvides que tienes cinco amigas aquí en este tu lugar preferido, el Rincón, que te desean un sinfín de bendiciones, cariños y felicitaciones.
Amiga, recibe nuestro abrazo, nuestras oraciones y mi inmensa gratitud. Que la pases muy bien hoy junto a tus seres queridos, y que cumplas muchos, muchos más.
Te queremos, Mercedita. ¡Feliz cumpleaños!
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Nuestra Fragilidad
Estando en estos días indispuesta por algo que comí y me hizo daño, perdí el apetito y las fuerzas hasta para hacerle frente a las cosas más sencillas, como tender una cama, y eso me hizo pensar en nuestra fragilidad. El hombre es el rey de la creación, fabrica cosas muy duraderas, pero seguimos siendo frágiles. Ramiro Garza dijo que “somos tan frágiles como una de esas gotas de rocío que, sobre el pétalo de una flor, vive su instante con la desesperación de lo instantáneo. El corazón se nos rompe solamente con el impacto de un solo pensamiento, la esperanza se nos astilla con el golpe ligero de una desilusión cualquiera, se nos derrumban nuestros sueños a la ola de la incomprensión ajena”.
Hoy quiero reconocer mi fragilidad, sabiendo que tengo la potencia de Dios, como un tesoro escondido que confunde a los soberbios y derriba a los poderosos. Nosotros llevamos ese tesoro en recipiente de barro para que se note que el poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. Por eso hoy quiero presentarle al Señor mis cansancios y fatigas y dejar que Él abrace mi fragilidad, mi barro, para transformarlo en fuerza, en fuente de fortaleza. Así lo experimentó el Apóstol Pablo. “Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos”. Siempre en todas partes llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también Su vida se manifieste en nuestro cuerpo.
“Del polvo eres formado y al polvo tornarás”, dice su Palabra. Si nosotros reconocemos que somos vulnerables, entonces seremos capaces de compadecernos de quien está caído al borde del camino. Al reconocer que somos una mezcla de barro y tesoro amamos al caído, nos acercamos y lo curamos, sabiendo que ese ungüento es también para nuestras propias heridas.
Dios conoce nuestra fragilidad, y como Él es justo y misericordioso, lo tiene en cuenta. Por eso tenemos que asirnos fuertemente del Señor en oración cada vez más, y pedirle que nos permita siempre reconocer nuestra fragilidad.
Cuando Vacilen mis Pies
Se dice que tener los pies firmes en la tierra es proceder con tiento y madurez. Los pies nos permiten la movilidad, y cuando esto se une al espíritu del hombre, esa característica de ligereza que es representada en forma de ave, se obtendrá la firmeza de ánimo, la disposición y el fiel cumplimiento de los deberes.
Por eso le he pedido al Señor: “Cuando mis pies vacilen y tropiecen, cuando se desvíen del camino y quieran ir en pos de otras veredas, cuando estén a punto de tropezar o cuando choquen y pierdan el rumbo, o ya se arrastren, Señor, fortalece y endereza mis pies, que yo pueda siempre ponerme en pie”. Quiero decir como el salmista cuando confiesa sus vacilaciones y debilidades y reconoce que gracias al socorro de Dios no cayó: “Apenas dije: ¡Vacilan mis pies!, tu bondad me reafirmó”, y añade: “Él saca mis pies de la trampa. En sus manos te habrá de sostener para que no tropiecen tus pies”.
No se puede servir a dos señores, el Señor nos lo dice claro en su Palabra, no podemos servir a Dios y al mundo, por eso quiero que mi caminar sea con firmeza, con decisión, que no vacilen, que no se entorpezcan, que haya madurez en mi vida y mis pies se paren para que yo pueda enderezarme con prontitud y ligereza para anunciar las buenas nuevas de salvación. Que se muevan con prontitud para ir al amparo del necesitado, de aquel que tiene hambre de Dios y necesidad de conocimiento del Evangelio, de aquel que muere de frío sin oír Su Palabra, que es abrigo y calor para el alma. “Cuán hermosos son los pies del que publica la paz, del que alegre nuevas trae, del que anuncia salud”. Señor, cuando vacilen mis pies, sé siempre mi fortaleza para nunca caer derrotada, y si caigo, quiero caer de rodillas, para elevarte mi súplica y volverme a levantar con prontitud y firmeza.
El Grito Salvador
Hoy quiero hablarles del grito más grande que recuerdo haber dado. No fue ese grito interior desgarrador que se quiere escapar con todas las fuerzas y se ahoga dentro de ti y ni tú mismo puedes oír su voz, sino sólo Dios, te hablo del grito audible más fuerte que yo he dado. Puedo contar las veces que he gritado a todo pulmón, pero esta vez fue diferente, lo he llamado el grito salvador.
Mi esposo Daniel y yo estábamos en un parque con dos de nuestros nietos. Salimos a entretener a los niños una linda tarde en un tranquilo parque cercado. Era grande y tenía todas las comodidades de un buen sitio de recreo público. No había muchas personas, estábamos alegres, los niños jugaron hasta cansarse. Llegó la hora de irnos y, al salir al parqueo, vemos un niño pequeño que se le desprende a su abuela y sale corriendo a toda velocidad directo a una carretera que queda frente al parqueo, donde cruzan dos vías y tiene mucho tráfico. La puerta del parque queda pegada a la carretera. Como la abuelita era entrada en edad, no podía correr detrás de el, y Daniel, al ver el peligro, corrió detrás del niño a ver si lograba alcanzarlo. Al ver que estábamos muy lejos y no le daba tiempo a mi esposo a alcanzarlo, imaginándome lo que sucedería si el niñito llegaba a cruzar la calle, grité con todas mis fuerzas: “¡Noooooooo! El grito fue tan fuerte que el niño se paró en seco, más horrorizado por el grito que por otra cosa, dando tiempo a que Daniel lo pudiera llevar a su abuelita. ¡Uf, qué susto! ¡Qué alivio y qué alegría! Qué bien resultó lo del grito.
Yo sé que Dios fue el que nos ayudó en ese terrible momento y, pensando en los peligros espirituales que a veces nos encontramos, así como el niño del parque, ya al borde del precipicio, cuántas veces nuestra alma ha dado ese grito sin sonido, ese grito desesperado que Dios lo ha oído, y en eso nos ha librado y cuidado de una muerte segura. Porque cuando no estamos reconciliados con Dios estamos muertos, porque el pecado trae la muerte, mas la dádiva de Cristo es vida eterna. La vida la tenemos únicamente a través de Cristo.
Gritar es feo, es levantar la voz para hacer ruido, y eso es desagradable. Qué feo es gritarle a un niño, a un anciano, a tu mamá, a tu cónyuge o a cualquier otra persona con enfado. Pero hay otro grito que te recomiendo no dejes de dar cuando la ocasión así lo requiera, así como el grito salvador que le di yo al niño aquella tarde en el parque, cuando sientas que no puedes escuchar el grito de tu alma, hazla gritar más fuerte, tan fuerte hasta que puedas oírla y parar en seco, porque ese podrá ser el grito salvador.
Imitando al Sándalo
Hoy, mientras limpiaba mi jardín y podaba mis matitas, sentía el olor grato y delicioso que exhalaban mis rosas, a la misma vez que sus espinas eran introducidas en mis brazos y dedos cuando no ponía mucho cuidado y sin misericordia me lastimaban. Eso me hizo recordar una presentación que vi aquí en el Rincón y que decía que cada uno da lo que tiene. Eso es lo que tienen las ramas de las rosas, espinas punzantes y afiladas, el que se acerque es aguijoneado, lastimado y herido. El sabio Confucio decía: “Sé como el sándalo que perfuma el hacha que lo ha herido”. El hacha es una herramienta que corta indiscriminadamente, el sándalo es un árbol que tiene un aroma embriagador, aun cuando está siendo herido y lastimado por el hacha que lo corta, exhala su fragancia y despide su medicinal aceite que es usado para curar distintas enfermedades y heridas. Eso es lo que el sándalo ofrece. ¡Cuánto aprendemos de las rosas y el sándalo!
Que nuestra vida sea un perfume agradable que a nuestro lado puedan recibir el aroma agradable que exhalamos a todo aquel que se nos acerque. Curemos como el aceite del sándalo al herido, al vagabundo, al que se siente cansado de las penas de esta vida, al que ya está encorvado por el peso del dolor, que a todos hagamos llegar el olor exquisito de la fragancia de la mansedumbre, la misericordia, la benignidad y todos esos frutos del árbol del amor. Seamos un poema de amor, que en nuestras ramas descansen todos aquellos que sientan necesidad y se quieran cobijar, que transformemos el hacha cortante y las espinas punzantes en firmeza de ánimo y ternura de carácter, imitando al Señor que cuando lo injuriaban y calumniaban decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Así estaremos cumpliendo la encomienda del Señor: “Amaos los unos a los otros”, porque el que ama borra cada noche las heridas de cada día, con el perfume del sándalo…
Es la Más Hermosa Historia
Me gusta aconsejar a mis hijos y a cualquier joven que veo leyendo. A veces parezco un disco rallado, porque no dejo de repetirles que tengan cuidado con lo que leen. No es bueno leer cualquier cosa, la mente es como el cuerpo, si lo alimentas mal no va a estar bien nutrido y el cuerpo enferma, se debilita y se pierden las fuerzas para trabajar y hacerle frente a las luchas de la vida. Hay que comer bien, cosas que nos nutran para estar saludables y fuertes, para tener un hogar con hijos bien criados y educados. El cuerpo necesita estar sano, y eso es parte de la buena alimentación.
Joven, tu mente es así como tu cuerpo, si la nutres bien vas a tener un fundamento disciplinado, tu orientación en la vida será firme, sin titubeos. Pero si la alimentas mal, con cualquier lectura que te encuentres, entonces recogerás de aquí y de allá, sin disciplina ni una base intelectual adecuada. Confundirás el mal con el bien y los valores morales te podrán parecer todos relativos y confusos. Perderás tus lindos años de juventud, sin adquirir conocimientos que te ayuden más adelante. Hay muchos libros de superación personal y otros muchos que son recomendables, porque te dan conocimiento y son buenos nutrientes.
Sin embargo, hay un libro que quiero recomendarte, que encierra todas las verdades que tú necesitas saber, las historias más bellas que puedas imaginar están ahí detalladas. Esa lectura te enseñará cada cosa que tú quieras saber, te quitará los miedos que puedan afectar tu vida, y te dará una fe gigante para realizar todas las cosas que parezcan imposibles. Te enseña cómo vivir cada día en un mundo complicado y duro. Su lectura te enseñará a mantenerte sonriente aun en el dolor, porque te imparte el gozo que nadie te puede dar. Su lectura será como luz en tu caminar, porque sus palabras alumbran, te alimentarán como el mejor manjar que hayas comido, y saciará tu sed con su manantial inagotable de sabiduría. Cuando te sientas cansado y sin fuerzas para continuar, en sus páginas verás escritas promesas alentadoras. Verás que los que creen en Jehová tendrán nuevas fuerzas, caminarán y no se cansarán, correrán y no se fatigarán.
Cuando niña, me contaron la más hermosa historia que está registrada en ese libro. Jesús murió por mí, porque vino a pagar mi deuda. Él se dio en la cruz del calvario, vertió su sangre y se entregó únicamente por amor a mí. Aunque yo no pueda comprender tanto amor, Él me amó a mí primero. En ese libro que se llama Biblia hay hermosas historias impactantes, pero ninguna como la historia del calvario y la resurrección. En sus páginas aprendí que tengo una vida más allá, que todas mis lágrimas serán enjugadas, y es la mejor quía para vivir aquí en la tierra.
Si la vivo tendré gozo y paz por el Espíritu Santo. Si quieres adquirir sabiduría estúdiala, si quieres tener gozo ahí está todo lo que tienes que hacer. Si quieres tener vida después de la muerte Jesús te dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Esta es la más hermosa historia, te la recomiendo por sobre todos los demás libros que puedas leer.
El Afán de la Vida
Hace varios años decidí vivir un día a la vez, porque comprendí que de esa manera las preocupaciones no absorben mi estado de ánimo, ni me derrotan. El afán elimina el gozo del creyente, sus consecuencias son la ansiedad, angustia y preocupación. Cuántas personas hay enfermas de dolores de cabeza, gastritis y malestares generales en el organismo por el afán de la vida. “Así que no os congojéis por el día de mañana, que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán”, dice en su Palabra el Señor que conoce nuestras preocupaciones.
Eso no quiere decir que no tenemos que trabajar por nuestro sustento; el trabajo no es afán, sino el cumplimiento de nuestro deber, pero para no vivir afanados debemos poner nuestras prioridades en orden. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas serán añadidas”. El reino de Dios se busca por medio de la fe; el dinero lo palpamos, algunos lo almacenan con mucho afán, otros reciben sólo el necesario para pagar por las cosas más imprescindibles; la fe no se ve, pero nos remunera con la santidad y la justicia de Dios, y esa debe ser siempre nuestra prioridad.
Afán es “trabajo excesivo que ocasiona congoja, fatiga, angustia o aflicción de ánimo”, según el diccionario. Hoy vemos muchas personas extremadamente angustiadas por la ‘necesidad’ de tener más, las personas que ponen su confianza en la seguridad que provee el dinero se olvidan que en su empeño por evitar la angustia que produce la necesidad y la pobreza, acumulan mayor angustia al olvidar las cosas que realmente tienen valor, el amor, la unión familiar, la paz y la santidad que solamente se halla en Jesucristo. El hombre de fe tiene un antídoto contra el afán, que es confiar en Dios y su buena voluntad para proveer nuestras necesidades, no olvidando que Dios tiene el control de todo.
Por eso es necesario descansar en Sus brazos amorosos. El afán es tan inútil como querer añadir a nuestra estatura un codo, o días a nuestra vida. “Mirad los lirios del campo como crecen, no trabajan y ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos, y las aves del campo que no trabajan y el Señor les proporciona alimento”, cuánto más a nosotros que somos corona de toda la creación, ¿o acaso no lo hemos comprobado en los momentos de mayor necesidad cuando nos parece que no hay salida y en el momento menos esperado nos llegan las cosas del cielo? El salmista dijo: “No he visto justo desamparado ni su simiente que mendigue pan”, aprendamos entonces a vivir confiados en Dios, dejando el afán de la vida.
La Paciencia

¡Qué larga se nos hace la espera!, sobre todo cuando ansiamos o estamos necesitados de algo, como esperar al lado de un ser querido en su enfermedad, anticipando desesperadamente el momento de su cura, o de un ser amado en prisión para ver su libertad, o un hijo fuera del cristiano hogar, angustiados esperando el momento en que retorne; el perdón de un amigo, la comprensión del cónyuge, la noticia de la ausente y anciana madre, o simplemente la aprobación del banco para la compra de una casa que tanto necesitamos, o el arbolito que sembramos, ansiosos de que crezca rápidamente. En mi caso, los minutos me parecen horas cuando espero el toque a la puerta de mi nietecito cuando hace días que no lo veo.
Cuántas veces pensamos que ya hemos ganado alguna batalla, sólo para darnos cuenta que tenemos que volver a comenzar. A veces el camino se hace largo y tortuoso, y derramamos lágrimas, y no damos tregua a nuestras constantes oraciones… Dios siempre responde, pero en su debido momento, y como que Él conoce todas las cosas, yo lo prefiero así, ni un minuto antes, ni un minuto después. El salmista dijo: “Resignadamente esperé en Jehová, y él oyó mi oración”. Cuando Él decida darnos la ayuda o su respuesta a nuestras necesidades es porque ese es el momento en que realmente la necesitamos.
La paciencia es «disposición para esperar con calma las cosas que tardan en llegar». Es «asumir toda la resignación posible ante una situación adversa que no tiene solución». André Kédros dijo: “Lo que distingue al hombre del animal no es la inteligencia, es la facultad de esperar. Ralph Waldo Emerson nos recomendaba adoptar el ritmo de la naturaleza, porque su secreto es la paciencia. Santa Teresa de Ávila comprendió la importancia de esa virtud cuando decía que “nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, ¡sólo Dios basta!” “En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas”, nos prometió Jesucristo. Él asumió nuestra naturaleza humana para compartir nuestras heridas y dolores. Él conoce lo que es el sufrimiento humano por experiencia propia. Nuestro Dios es un Dios de paciencia, nos lo dice Pedro en la palabra de Dios: “El Señor no tarda su promesa como algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.
Nosotros necesitamos la paciencia de Dios, porque ésta nos estabiliza por medio de Su justicia perfecta. Sería bueno que agregáramos a nuestra vida una mayor dosis de paciencia. La paciencia está relacionada con otras virtudes y valores humanos. Cuando somos pacientes también somos benignos; esta palabra se usa únicamente para significar dulzura para que el trato a los demás sea con gusto, cordial y alegre. Cuando somos pacientes también tenemos constancia, serenidad, tolerancia, equilibrio y tesón.
Señor, enséñame a cultivar esta virtud para tratar a los demás con la misma paciencia con que Dios nos trata a nosotros, y para esperar siempre en tu Divina y Santa voluntad.
