El día que tú naciste

julio 18th, 2010 Autor: Merari

 Ailene, el día que tú naciste supe lo que era ser abuela. Fue algo así como si tu mamá hubiera vuelto a nacer, me llenaste de una profunda emoción. Yo abuela, y ¡como fue eso, tan rápido! Y sintiéndome joven todavía y abuela, ¿era posible? Entonces llegó la preocupación. ¿Llegaría a verte cumplir los quince? ¡Qué distante entonces lo veía! Llenaste nuestros hogares con tu llegada de alegría, de risas de llanto, de amor y ternura, una inocente criaturita a quien tus padres llamaron Ailene.

Llegaste sin dar problemas. Tu mamá tuvo un parto sin complicaciones. Yo no me cansaba de decirte: “mi santa”, ¿por qué no naciste varón?, ¡si eres exacta a tu padre! Todos reíamos, estábamos muy contentos. Tenerte en mis brazos, un pedacito, hija de mi hija, ¡qué sentimiento tan profundo! Daniel y yo nos mirábamos… Ya somos abuelos. Aquello ser abuelo era verdad, es estar más cerca de la despedida, pero qué bueno es Dios al permitirnos que por ti fuéramos abuelos.

Y hoy todavía nos permite estar aquí celebrando tus quinces primaveras. ¡Pero cómo has crecido! Tengo que erguirme y mirar muy arriba para poder verte –y eso con mi estatura no suele suceder mucho-. Ya te estás pareciendo mucho a tu mami –esto es entre tú y yo-, eso quiere decir que me gustas más… Cuando me hablan de tus altas calificaciones en la escuela, de las becas que te ganas por ser una estudiante tan brillante tengo que glorificar a Dios. Pero lo que me hace más feliz es saber que cuando cumpliste la edad de ser un miembro de la iglesia, lo hiciste. Nada me hace más feliz que te decidas por Cristo.

Me estoy gozando contigo en tus quince. Qué linda estás. Todo ha quedado a tu gusto, y presiento que las flores se inclinan cuando tú pasas, porque saben que hoy tú estás como la más hermosa de ellas, bella y llena de candor. Tus quince… ¡Qué edad tan bella! Eres un precioso botón abriendo a la vida, aunque para mí sigas siendo mi pequeñita… Y yo siga siendo tu abuela.

Mi Incienso

julio 15th, 2010 Autor: Merari

inci Que mi incienso llegue a ti con olor de suavidad, agradable, exquisito. Que perfume tu altar, oh Dios, y sea recibido en tu gloria. Que sea limpio, santo, lleno de gratitud. Que mi ofrenda se levante desde mi corazón, por todo lo que tú me das. Por lo que soy, por el aire que respiro, por la noche de dolor, por ver el despuntar de un nuevo día con luz y vida. Por el movimiento de las aves, por lo llamativo del tulipán. Por el ir y venir de las almas nobles, por el aleluya, por la canción de paz, por el sonreír de un niño. Por el consejo de un anciano, por la preocupación de una madre, por la fuerza del padre. Por el calor del amor fraternal. Por el cielo azul, por la redondez del mundo, por el cálido saludo de la luna, por el despertar del vagabundo. Por la entonación de las aves, por la inspiración del poeta, por el cenit de la aurora. Por el arrullo de las olas, por cada tempestad y cada brisa, por los sueños, por la lluvia, por el horizonte. Por tu nube de gloria, por todo lo creado y porque te veo en cada nota, en cada renglón de mi vida. Porque siempre has estado en mi corazón, por latir dentro de mí.

Que mi incienso suba, y suba hasta ti y te glorifique. Que el incienso sea mi vida rendida a ti. Amén.

La Aristócrata

julio 14th, 2010 Autor: Merari

flores-fondos-pantalla-p Siendo niña te admiraba por tu porte, por tu singularidad. Tus características te hacían diferente a las demás. Tu buen gusto y tu trabajo llamaban la atención de mis pocos años. Tal vez tu juventud no te permitía darte cuenta de lo importante que eras para mí, mi hermana mayor. Eras el orgullo de mis tiernos años, me interesaba todo lo que hablabas. “¡Huy, qué inteligente es mi hermana!” -me decía. Era demasiado tímida como para poderlo expresar, y tal vez tú eras muy joven para saber que te idealizaba. Te veía leer y te oía hacer cuentos, historias bellas que me embelesaban. Yo en silencio me las vivía, con sed de saber, de aprender.

En mis sueños de niña pensaba que yo tal vez no podía llegar a saber tanto, aparte de que te encontraba tan linda, porque lo eras, y tan trabajadora. Eras sobresaliente, y como eras la mayor, a veces viajabas. Y qué felicidad cuando llegabas a casa y nos traías algún regalito. ¿Te acuerdas? Quizás es la primera vez que sabes algunas de estas cosas de mí, pero es que ya con los años pude vencer y despojarme de aquella timidez que me amarraba. Y hoy puedo enseñarte algunos secretos de mi corazón, donde tengo tantas cosas arrinconadas, y de las que me encanta ahora compartir con mí hermana mayor, la aristócrata, la que hoy cumple un año más de vida.

¡Felicidades Rode, mi querida hermana! A pesar de todos los sufrimientos que te ha tocado vivir, estás en pie, y sigo admirándote, por ser tan fuerte y por el coraje que Dios, desde arriba, desde allá donde Él lo ve todo, te ha dado como regalo. Yo soy tan débil y admiro tanto tu fortaleza.

Y quiero que hoy lo sepas, que te quiero, y que te deseo mucha dicha y alegría en este día, y que la gracia del Señor siempre te cubra. Que cumplas muchos más, al lado de tu Padre celestial, el que protege y sabe cuidarte como nadie, y de toda tu grande familia que te ama.

Fe

julio 13th, 2010 Autor: Merari

La_fe       Fe…

Es creer en un Dios que no ves.

Es estar seguro en unas promesas que no tienen término de día.

Es tener la convicción que camina contigo y te acompaña siempre.

Es sentirlo aunque permanezca invisible.

Es divisar que hay un más allá esperándote.

Es percibir con gozo la vida eterna.

Es, cuando todo se cierra, estar a la espera de que se abra una puerta.

Es aceptar lo que Él quiera en tu vida, glorificándole, aunque no lo comprendas.

Es mantener serenidad en el infortunio, sabiendo que Él tiene el control de todo.

Es aceptar el término de una vida pasajera, para surgir a la perdurable.

Es secar las lágrimas con acciones de consuelo sin pronunciar palabras.

Es un estremecimiento ante Su presencia en medio de la nada.

Es el don imprescindible que nos da el que nos llama a Su luz admirable.

Es la que te hace creyente y no te permite albergar la incredulidad.

Es la seguridad de la salvación y la vida eterna en Jesús, con Jesús y para Jesús.

Al Despertar

julio 9th, 2010 Autor: Merari

 

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Cuánta dulzura experimenta el alma que despierta con una plegaria de adoración. Sintiendo la grandeza de Tu presencia, que el hombre en su estado normal no puede comprender, por su profundidad, por el embeleso que causa Tu llegada. Y ¡cómo es capaz de refrescar todo el ser, embriagándolo de paz, calma y tranquilidad! Tan diferente a lo que da el mundo en su bullicio y zozobra. En el ir y venir, en el constante movimiento, en la desesperación en que siempre está sin saciarse de buscar, porque al alcanzar, se pierde con ligereza, por ser de aquí, de lo terreno que va a perecer.

Pero al remontarse el alma a lo sagrado, a lo sublime, halla esa paz interior escondida al hombre mortal, y revelada al que en espíritu y en verdad le busca y le encuentra.

¡Oh mi alma! Embriágate de Su aroma perfecto. “Regocíjate y canta, oh moradora de Sión; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

 

Mi Corazón

julio 6th, 2010 Autor: Merari

GetAttachment Tú arrancas, mi Dios, la melodía más hermosa en el arpa olvidada y desgastada de la vida. Tú das, Señor, una nueva música al alma que embelesada, escucha tus canciones de paz y de armonía. Tú en el horizonte, en el más allá de mi corazón, das la entonación del alma aburrida que en su negruzca nube se envuelve en el más sutil de los ensueños. ¡Oh mi Dios!, tú eres poeta, tú eres el encanto armonioso del hombre que piensa del mundo a través de tu lira, cargando en cada nota el anhelar del hombre solitario que muere cada día.

¡Oh artista diseñador del humano! Tú que lo endulzas todo con tu toque, ven a mi corazón, habita en él. Hazlo tu altar santo donde te recrees, donde te encantes. Llega y haz tu mansión, llénala de tu gloria, ilumínala con tu luz eterna, guíala con tu verdad, satisface la necesidad de ti que tiene este pobre corazón vacío cuando no te tiene.

Tú mi Rey, tú mi Dios, descansa en él, habítalo siempre, que haya un dulce cantar de palomas en su arrullo, tocando como tú sabes, entonando, guiando la orquesta de los sentimientos nuestros; de este pobre corazón deshecho. Tú el Arcano, el sabio, el Dios y Padre. Amén.

Esperanza

junio 28th, 2010 Autor: Merari

 

esperanza Aduéñate de la esperanza y ella se encargará de no dejarte vivir en la desilusión, en el dolor, en la soledad. Bendita esperanza; el que te alcanza es feliz. La esperanza es dulce compañera que lo llena todo de gozo. Mientras hay esperanza abunda la firmeza. La esperanza aguarda a la espera y acaricia la seguridad y viste de valentía al débil e inconstante. Ella puede ver en la redoma de Dios todas nuestras lágrimas selladas. También te levanta y se aferra aún más.

Es por eso que no podemos permitir que muera la esperanza, porque ella nos sostendrá hasta el final.

El Amor

junio 25th, 2010 Autor: Merari

corazon2 ¿Cómo se puede describir el amor? Es sacrificio, entrega, perdón, compasión y misericordia. Cristo demostró en el camino del calvario lo que es el amor, y lo culminó en el Gólgota, derramando hasta la última gota de sangre por ti y por mí, quienes no le amábamos. Nos rescató, perdonó y limpió para que por Él tengamos vida eterna.

El cordero de Dios que quita el pecado del mundo, lacerado, ensangrentado, sufriendo azotes, llevando el vituperio, tan sólo porque Él es el amor. Nadie ha podido demostrar un amor igual. El amor, ¿quién lo puede comprender? Es sublime, demasiado elevado para el hombre en su estado natural. Excelso, y no lo podemos entender. Es asombroso, demasiado maravilloso para el hombre mortal. Conmovedor, Indescriptiblemente enternecedor; imposible comprenderlo. Profundo, es inescrutable, incomprensible para el humano.

Conquista el amor, ámalo, sí, ama al amor, vívelo, compártelo, demuéstralo, aunque no lo comprendas.

“Dios es amor, y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en el”. 1Juan 4:16.

El Pecado

junio 23rd, 2010 Autor: Merari

  manzana Qué linda y jugosa se ve esa fruta. Es codiciable. Buena a la vista y agradable para comer. Comenzar a rodearla es querer probarla. Su color te embruja. La fruta te atrae, te arrastra, y el deseo te ciega los ojos del alma. El oído está atento a la voz engañadora: «pruébala vas a alcanzar conocimiento». Y al alargar la mano para tomarla, te vence la euforia del momento. Te vence la fuerte emoción de gustar algo tan exquisito que te envuelve en seducción y pasión, para después darte cuenta que es sólo un espejismo. Luego queda un profundo dolor inimaginable, una desilusión, un deseo de ocultarte como la primera pareja. Un ¿por qué? y un triste ¡si yo hubiera! ¿Qué fue lo que cegó el entendimiento? Tu misma concupiscencia, después de concebir engendra el pecado, y el pecado, siendo cumplido engendra muerte. Santiago 1:13-15

No permitas que su atractivo te haga cerrar los ojos y luches y persigas la fruta prohibida. Sólo te causará dolor y aflicción de espíritu, y te encontrarás desnudo y desprovisto. No hallarás dónde esconderte. Tendrás miedo, la desolación llegará a tu vida. Aléjate del árbol, no rodees la fruta, te puede engañar con su brillo y te sentirás indefenso para huir. Quedarás atrapado. Una víctima más del engañador, nuestro enemigo, que, desde el principio, su trabajo ha sido cautivar, enredar, amarrar con fuertes lazos al débil y descuidado que se acerca atraído por la belleza de la fruta.

Refúgiame

junio 21st, 2010 Autor: Merari

El Se%C3%B1or es mi Refugio Acurrúcame en tu alma Cristo, y admíteme allí en lo profundo de tu corazón hasta que pasen los quebrantos. Mantenme así guardada, abrázame fuerte y déjame dormida en tu regazo, porque ya probé lo que es estar contigo y no quiero salir de tus brazos.

¡Cómo lastiman la indiferencia, el olvido, la incomprensión de los hombres! Oh mi Dios, ¡qué pequeñitos, y frágiles somos! Si tú no nos sostienes, nuestros pies se desvían, andan a tientas sin rumbo, sin destino, sin una meta, andando sin caminos, sin parada fija, como un vagabundo descubierto que ha perdido lo más grande: el encuentro contigo.

Guárdame Señor, como gorrión herido, que las saetas del mal no me lastimen. Resguárdame del árido desierto, donde el caminante muere perdido en un grito de pena, estirando la mano vacía sin alcanzar con ella el agua que le refresque su seco corazón de vivir sin la vida que eres tú, caudal para todo el que te busque en el sofocante calor de la llanura; en el cruel abandono; en la soledad.

Que en tu secreto esté yo cuidada del turbión, del volcán en erupción, del pecado que marca con su lava a todo el que lo alcance. Asegúrame en ti cuando el desasosiego destruya a los hombres. Yo contigo cantaré la canción de los que han vencido, porque el alma ha encontrado su refugio.