Una anciana tenía decidido cada mañana al levantarse ser feliz.   Ella decía: “Al levantarme tengo dos opciones: Primero, puedo pasarme el día en la cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan o segundo, puedo levantarme de la cama y agradecer a Dios por las que sí funcionan”.  Seguía diciendo: Para mí cada día es un regalo de Dios. Mientras mis ojos están abiertos me enfocaré en las memorias felices que he guardado en mi mente”. Y compartió estas cincos reglas para ser feliz:

1- Libera tu corazón del odio.

2-Libera tu mente de preocupaciones.

3-Vive humildemente.

4-Da más.

5-Espera menos.

Lo encontré tan interesante,  beneficioso y necesario, que quise compartirlo con ustedes, mis hermanos.  Amigos y lectores, hagamos hoy una firme decisión, liberémonos de los prejuicios, ellos carcomen el alma y nos impiden ser agradecidos.  Miremos con los ojos de nuestro interior que tenemos una oportunidad más, liberemos de nuestros corazones el odio que nos esclaviza, la mente cargada de preocupaciones que nos paraliza, y tratar de vivir humildemente como nos manda el Señor, dejando atrás todo el peso del pecado, con sencillez agradando cada día a nuestro Padre celestial, sabiendo que si damos con desprendimiento y de corazón alegre, le estamos sirviendo con amor, sin esperar nada, conociendo que la recompensa viene de Dios.

Hoy decídete a agradar a Dios, esa es la única forma de ser feliz, “no hay felicidad mayor que la del deber cumplido”.