Vi pintado un cementerio y leí este cartel: “Cementerio de esperanzas enterradas”.  Cuando la esperanza de obtener aquello que no se ha alcanzado parece perdida, cuando tienes la esperanza de lograr un sueño largamente acariciado y lo pierdes, cuando ya ves que nada puedes lograr y entierras tu esperanza, puedes sentirte sumido en un calabozo de desaliento.  Pero lo que a nosotros nos cambia todo es saber que “nuestro Dios nos ha provisto de una luz de esperanza que penetra la noche más oscura, y nos guía hasta los albores del cielo. La esperanza es el pilar que sostiene al mundo. La esperanza es el sueño de un hombre despierto” –Plinio el anciano.”

Leí hace poco, sobre estos temas del alma, que es como cuando la mujer está de parto, se siente como los dolores de la muerte, y en realidad lo que produce es vida.  Por extraño que parezca cuando sientas que enterraste tu esperanza y que te devora el dolor, en medio de la oscuridad más densa, descubre que “la tribulación produce paciencia; y la paciencia prueba, y la prueba  esperanza: y la esperanza, no avergüenza, porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones”.

Una hermosa niña de quince años se enfermó repentinamente, quedando casi ciega y paralizada. Un día escuchó al médico de cabecera mientras le decía a sus padres:

-Pobre niña; por cierto que ha vivido ya sus mejores días.

-No, doctor – exclamó la enferma-, mis mejores días están todavía en el futuro. Son aquellos en los cuales he de contemplar al Rey en su hermosura. Esa también es nuestra esperanza.

“La esperanza se levanta como un ave fénix de las cenizas de los sueños rotos”.