Cuando la vida se nos vuelve monótona suele ser tediosa.  Puede traernos desilusión, angustia, decepción. Para el hombre sin Dios ¡qué difícil puede llegar a ser la repetición de cada día! Se deja de encontrar sentido a la vida y el hombre decide dejar de ser.  El suicidio ha ido en aumento en los últimos tiempos. Pero para los que conocemos a Dios podemos enfrentar cada momento con una sonrisa, porque para nosotros no hay aburrimiento. Siempre tenemos ocupaciones que sí importan, como un himno de alabanza que nos hace glorificar al que vive para siempre, y nos da impulso para enfrentar las dificultades y sobreponernos a la continuidad de la rutina.  Porque entendemos que estamos de pasada, que uno vino en rescate por la humanidad. Y cuando comprendemos que pagó nuestra deuda, nos perdona y nos está aparejando un lugar donde estar por siempre, alejados del hastío, es suficiente para hallarle sentido a la vida. Porque vislumbramos un futuro lleno gozo, y esa esperanza de lo que Él nos ha prometido, nos sostiene.

Los hombres grandes de Dios caminaban como mirando al invisible.  Por Él y para Él vivimos. No nos dejemos arrastrar por el pesimismo ni por la vida mediocre basada en lo que se ve, porque tenemos un porvenir lleno de promesas.  Confiados ‘vengamos al trono de Su gracia para hallar el oportuno socorro”. Valientemente empuñemos nuestras armas, que la redención está cerca.

No te dejes caer por lo tedioso de la vida, levántate y apréstate, que el gran día del Señor está a las puertas, no hay tiempo que perder en quejas y pequeñeces, miremos un futuro de gloria con Cristo y seamos vencedores en Su nombre.