Esa fue mi expresión al ver a un joven expulsando unas bocanadas de humo.  Sujetaba en su mano un cigarrillo y me hizo pensar, por su actitud, que aquello significaba para él algo de mucho valor.   Era como si le diera poder o grandeza. Pude notar en su mirada que el mundo le pertenecía y que era capaz de todo. Demostraba superioridad a los demás.  «¡Pobre alma!» -repetí dentro de mí una vez más. Nada menos real, ¡que incauto! «¡Como te falta vivir!» -gritó mi mente. ¡Cuánta equivocación! Un cigarro, arma mortal, un poco de fuerza adquirida por los pocos años vividos.  En fin, un engreimiento total por la falta de madurez. Con su mirada me decía: “No me toquen, soy el rey del mundo, yo hago y deshago a mi antojo lo que quiero”.

Cuántos jóvenes andan así equivocadamente.  Mi experiencia me dice que va por un mal camino si no cambia a tiempo.  Cuántos fuertes golpes le esperan para aprender y madurar. Generaciones vienen y van, pero seguimos queriendo aprender por nosotros mismos.  No queremos o no aprendemos de los consejos de los ancianos sabios, pensamos que ya están viejos y que nosotros sabemos más, que ya no piensan con claridad.

Mi oración es por todos los jóvenes, que sean orientados, que busquen a Dios, ahí están todas las respuestas.  Todo lo que necesitamos para una vida mejor se halla en Dios. No solamente espiritual, también física y material.  La lectura de la palabra de Dios, la Santa Biblia le da a los jóvenes hermosos consejos, y uno de ellos es: “No seas sabio en tu opinión.  Teme a Jehová, y apártate del mal”.

“Guarda la ley y el consejo;  Y será vida a tu alma, y gracia a tu cuello”.

Hijo mío, si los pecadores te quisieran engañar no consientas.