Cuán importante es la presencia de Dios en nuestras vidas.  En realidad no es posible estar separados de Dios. Pero ¿cómo podemos estar conscientes de que Dios está siempre con nosotros? Tristemente la mayoría del tiempo no estamos conscientes de Su presencia, acaso si lo estuviéramos nos libraríamos de una que otra transgresión. Nosotros sabemos que la presencia de Dios está en todas partes. Él está en todos los rincones del universo, pero eso no quiere decir que todas las personas sientan la presencia de Dios. La mayoría vive como si no existiera.  Moisés estaba convencido que sin la presencia de Dios en su vida era inútil que él intentara cualquier cosa. Cuando él habló cara a cara con Jehová, el dijo: “Si tu presencia no va con nosotros, no nos saques de aquí”. Él estaba diciendo: “Señor, si tu presencia no está conmigo, entonces no iré a ninguna parte. ¡No daré un solo paso si no estoy seguro que estás conmigo!”

Lo que nos distingue de los incrédulos es que Dios nos hace conscientes de que Él está con nosotros  dirigiéndonos, guiándonos, obrando Su voluntad.

La responsabilidad que Moisés tenía era grande.  La tarea de guiar a todo un pueblo no es algo fácil.  Lidiar con cada uno con caracteres diferentes, escuchar al pueblo reclamar, ver la rebeldía de ellos, cómo se olvidaban fácilmente de Dios y adoraban a otros dioses.  Moisés tiene que haberse sentido extenuado, porque Dios le dice: “Mi presencia te dará descanso”. Hasta nosotros también llegan esas refrescantes palabras, “mi presencia te dará descanso”. Los sufrimientos, las responsabilidades, las preocupaciones, las luchas de la vida, nos hacen sentirnos abrumados y agotados.  No tengamos en poco la presencia de Dios, no es algo para desear un día, es desearlo todos los días, es caminar con El.