Hoy se celebra el día del pastor.  Es para mí un buen momento para decirte: ¡Gracias pastor! Porque  me has demostrado que tienes en tu corazón a cada una de las ovejas que Dios ha puesto en tu cuidado.  Cuánta bendición eres en la vida nuestra.  No sólo a nosotros, los mayores, nos llenas de ternura y comprensión, sino también a los jóvenes, que son tu gran preocupación.  Tu amoroso corazón se compunge cuando se desvían en su falta de madurez.  Y qué decir de los niños, que son tu mayor tesoro, ya que Dios te ha premiado con un bello pequeñito.  Tu preocupación es constante, como constantes son tus ayunos y oraciones.  Toda la congregación tiene algo que agradecerte, pastor Eddy, tú eres una inspiración con tu vida de servicio y entrega.  Te admiro por tu obediencia y perseverancia ante el llamado de Dios.

 

Gracias por sacrificar, en ocasiones, el tiempo que debes a tu familia, y hasta interrumpir tu descanso para acompañarnos cuando te hemos necesitado.  Tus oraciones y palabras han sido un bálsamo en los momentos de aflicción.  Esa palmadita en la espalda, ese abrazo amoroso, han sido como la energía para volvernos a levantar.  Tienes una gracia especial dada de Dios para aliviarnos de cualquier mal.  Con tus bella anécdotas y tu buen carácter, y sabes cómo corroborarnos en la  fe en Dios, en cualquier momento que lo necesitamos, porque siempre tienes la palabra precisa.

 

Hoy, con alegría y con el amor de Dios en mi corazón, te digo que es una bendición llamarte mi pastor. Dios bendiga tu familia, que es la mía también.  Gracias por ser nuestro padre espiritual, porque cada día aprendemos más de tus sabias enseñanzas, porque he comprendido en estos años la apremiante necesidad de amar al prójimo, así como lo manda el Señor, y con tu ejemplo me has motivado a amar cada día más a Dios.

 

Por esto y otras cosas más no podía dejar de decirte en este día:

 

¡Gracias Pastor!