Cuando comparamos lo que leemos en la Palabra de Dios con lo que vemos en el mundo, las cosas parecen estar al revés.  El pecado es exaltado y la justicia ridiculizada.  Hoy más que nunca vemos la necesidad de que el fuego de Dios quema todas las impurezas que saturan la sociedad.  Por eso te digo: “Aviva el fuego de Dios en ti”.   El fuego de Dios quema lo malo en ti y deja lo bueno.  El Espíritu Santo quiere moverse poderosamente en nuestros corazones, pero tenemos que mantener encendida la llama de nuestras antorchas.

Pero ¿cómo   lograrlo? ¿Estamos leyendo suficientemente Su Palabra? ¿Cómo está nuestra vida de oración? ¿En qué empleamos nuestro tiempo? ¿Estamos sirviendo al Señor en algún ministerio? Antes de ir al descanso, ¿le hemos hablado a algún alma de Jesucristo? ¿Hemos consolado a alguien?  El apóstol Pablo le habló a su hijo espiritual, Timoteo: “Por lo cual, te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti”; En otras palabras, atiza el fuego.  Si ves que está por apagarse la llama, junta la leña, sopla, y deja que arda.  Si vives en el fuego de Dios, no importa si te meten en un horno de fuego ardiendo, tú estarás  alabando al Creador. Cuando Juan Bunyan fue quemado en la hoguera, murió con una sonrisa en los labios.

Aviva el fuego de Dios, para que por tu luz muchos vengan al conocimiento de la verdad.