Ser íntegro significa tener devoción incondicional a nuestro Padre celestial.  La persona íntegra se esfuerza por agradar a Dios en todo lo que hace,  pues eso es lo que leemos en Su Palabra.  Para ser íntegros tenemos que seguir los pasos de Cristo.  No podemos demostrar nuestra integridad solamente con palabras, sino con nuestras acciones.  Es posible ser una persona honesta sin ser íntegra,  porque la honestidad dice lo que hacemos, pero la integridad habla de lo que somos; la honestidad habla de lo que decimos, pero la integridad habla de lo que pensamos; la honestidad habla de nuestros actos públicos, pero la integridad habla de lo que hacemos aunque nadie nos vea; la honestidad es buena, pero necesitamos gente íntegra.

Si somos  provocados a una pelea ¿qué hacemos? ¿Respondemos a sus provocaciones o logramos irnos de ahí? Estamos solos buscando cierta información en el internet y, de repente, aparece una ventana con un enlace a un sitio inmoral, ¿hacemos clic o lo cerramos?  Estamos conversando con un amigo, y en un momento dado la conversación cambia de tono, y comienza a hablar mal de alguien, ¿qué haremos? ¿Le seguimos la corriente o cambiamos de tema?  Todos los días se pone a prueba nuestra integridad.  Tenemos que huir de todo eso como si fuera veneno para nuestras almas.

¿Podremos repetir juntamente con Job? “Hasta morir no quitaré de mí mi integridad”. ¿O con David? “Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, y conforme a mi integridad” Pidamos a Dios ser íntegros.

“Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad”.