Cristo nunca se manifestará a nosotros, si no sentimos vivos deseos de verle. ¡Él quiere que le deseemos! Y triste es decirlo, pero Él nos ha estado esperando a algunos de nosotros por mucho tiempo.

No te sientas cómodo y conforme tal y como estás.  Cuando todo está bien, cuando no hay inquietud y necesidad de la búsqueda de Dios, ¡Cuidado! Eso es un peligro, tenemos que tener ansias de conocer más al Señor, de sentirlo en nuestro corazón.

A. W. Tozer, en “La búsqueda de Dios” hace esta preciosa oración que quiero compartir con ustedes.

“Padre, ansío conocerte, pero mi cobarde corazón teme dejar a un lado sus juguetes. No puedo deshacerme de ellos sin sangrar internamente, y no trato de ocultar el terror que eso me produce.  Vengo a ti temblando, pero vengo. Te ruego que arranques de mi corazón todo eso que ha sido tantos años parte de mi vida, para que tú puedas entrar y hacer tu morada en mí sin que ningún rival se te oponga. Entonces harás que tu estrado sea glorioso, no será necesario que el sol arroje sus rayos de luz dentro de mi corazón, porque tú mismo serás mi luz, y no habrá más noche en mí. Te lo imploro en el nombre de Jesús, amén”.

Aléjate de la complacencia, busca a Dios. “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré: Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”.

“La complacencia es la enemiga mortal de todo crecimiento espiritual”.