Vivimos tan apurados, inmersos en la rutina diaria.  Tanta ocupación nos puede hacer perder el sentido de nuestra vida y en algún momento podemos sentirnos desorientados, solos, pero si prestamos un poco más de atención y nos detenemos a pensar un instante podemos darnos cuenta que cada paso que damos en cada situación que vivimos buena o mala, Dios está ahí.  Él espera que lo escuchemos y se alegra cuando lo encontramos.  Creo que, equivocadamente, muchos de nosotros creemos que sólo podemos encontrar a Dios en momentos extraordinarios o milagros sobrenaturales. Y Dios está en esos momentos, pero también está a nuestro lado en cada paso que damos.

 

Esta tremenda verdad algunos la sabemos, otros la ignoran, pero Dios siempre está presente.  Por eso el salmista, conociendo la omnipresencia de Dios, nos dice en el salmo 139: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?  Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo de la mar.  Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”.

 

El patriarca Jacob, en la soledad del desierto, tuvo una visión de Dios, y asombrado por ella exclamó: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16). Jacob no había estado nunca fuera del círculo de Su presencia, pero no se había dado cuenta de ello, a  eso se debieron sus inquietudes, y a eso se deben las nuestras.  Cuántas y cuántas personas desconocen que Dios está presente en sus vidas. ¡Qué diferente fuera todo si las personas  lo supieran!  Cuando  comenzamos a poner nuestra mirada en Dios, entonces es cuando  obedecemos Su Palabra, y es entonces cuando se apodera de nosotros una nueva conciencia de Dios, y empezaremos a sentir interiormente que Dios es el todo de nuestra vida, porque Él siempre está presente.  El alma tiene ojos que ven y oídos que oyen. Tal vez están débiles por el poco uso que les damos, pero por el toque del Espíritu Santo podemos recuperar su fuerza y ser capaces de poseer la vista más aguda y el oído más fino.

 

No hace falta gritar pensando que Él está tan lejos. Él está más cercano a nosotros que lo que nosotros podemos entender, Él está íntimamente ligado a nosotros, pero cuando estamos demasiado enredados en las cosas materiales, en las cosas de esta vida, no nos damos cuenta que Él está aquí a nuestro lado, que camina con nosotros, viéndolo todo, y lo más hermoso, ayudándonos en todo y librándonos de tantos pasos falsos que damos desapercibidamente.  Cuando te sientas que la carga es pesada, recuerda que Dios siempre está presente.