Hace varios años decidí vivir un día a la vez, porque comprendí que de esa manera las preocupaciones no absorben mi estado de ánimo, ni me derrotan. El afán es “trabajo excesivo que ocasiona congoja, fatiga, angustia o aflicción de ánimo”, según el diccionario. 

Hoy vemos muchas personas extremadamente angustiadas por la ‘necesidad’ de tener más, las personas que ponen su confianza en la seguridad que provee el dinero, se olvidan que en su empeño por evitar la angustia que produce la necesidad y la pobreza, acumulan mayor angustia al olvidar las cosas que realmente tienen valor, el amor, la unión familiar, la paz y la santidad que solamente se halla en Jesucristo.  El hombre de fe tiene un antídoto contra el afán, que es confiar en Dios y su buena voluntad para proveer nuestras necesidades, no olvidando que Dios tiene el control de todo.

Por eso es necesario descansar en Sus brazos amorosos.  El afán es tan inútil como querer añadir a nuestra estatura un codo, o días a nuestra vida. “Mirad los lirios del campo cómo crecen, no trabajan y ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos, y las aves del campo que no trabajan y el Señor les proporciona alimento”, cuánto más a nosotros que somos corona de toda la creación, ¿o acaso no lo hemos comprobado en los momentos de mayor necesidad cuando nos parece que no hay salida y en el momento menos esperado nos llegan las cosas del cielo?  Aprendamos entonces a vivir confiados en Dios, dejando el afán de la vida.

“Así que no os congojéis por el día de mañana, que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán”.