Que este nuevo año, unas de tus metas sea ser el primero en crecer en conocimiento y gracia, como nos ha enseñado Jesús.  Sé el primero en querer agradar a Dios, porque esa es la forma que crece en ti el amor a tu prójimo.  Ser el primero en agradecer, en bendecir, en amar, en glorificar, en perdonar.  Sé siempre el primero en todo acto de bondad y buenas obras, “porque con la misma medida que midiereis os volverán a medir”.  El primero en ayudar a levantar al caído, a saciar un corazón necesitado, a socorrer al desdichado.  Sobresale por ser el principal prodigando bienestar, sé el primero en regalar amor, en calmar la sed al alma moribunda.

No te demores, no te detengas, el mundo necesita de personas que marquen la diferencia, corre y sé hoy el primero en poner los hombros, en dar la mano, que tus pies estén prestos para llevar el evangelio de amor y paz, el que Cristo vino  a predicar.  Dale la Palabra de vida al menesteroso, y que se sacie con el pan de la verdad de Jesucristo.  Excédete en prodigar sonrisas, abrazos, aliento.  Hay muchos corazones solos y tristes, unámonos para que nuestro mundo sea cada vez mejor.

Ser el primero no significa ni el más importante, ni el mejor; ser el primero es adelantarte a tus propios planes, no esperar al momento oportuno para hacer el bien, sino hacerlo ahora, en este instante, sin esperar por una mejor suerte, ni teniendo en cuenta quién merezca el bien que puedas hacer.  Es en ese sentido que debes tratar de ser tú el primero.  Otros seguirán tu ejemplo, y así construiremos una gran cadena de obras buenas.  Este año que estamos estrenando lo culminaremos satisfechos por haber agradado a Dios, cumpliendo así nuestra meta de ser el primero.