Vivir la palabra de Dios te hace grandeHoy hablaré de dos mujeres valientes de la Biblia, quienes tenían conocimiento del Dios verdadero, aun sin ser del pueblo de Dios, y temían a Dios. Su ejemplo de valentía y fe son dignos de imitar.

Sifra y Fúa eran parteras que habitaban en Egipto. En el libro de Éxodo encontramos que ellas eran las parteras principales, y el rey Faraón les daba órdenes. La orden que le dio a estas parteras fue horrible, tenían que matar todos los niños varones que nacieran de las mujeres Judías, porque el rey temía que fueran menos los Egipcios, ya que el pueblo de Israel se multiplicaba, pero esas mujeres temían a Dios; qué situación tan difícil, porque lo que decía el rey había que cumplirlo. Así nos dice la Biblia en Éxodo 1:15-21: “Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y díjoles; Cuando parteareis a las hebreas, y mirareis los asientos, si fuere hijo, matadlo; y si fuere hija, entonces viva. Mas las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que reservaban la vida de los niños, y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras, y díjoles; ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis reservado la vida a los niños? Y Dios hizo bien a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se corroboraron en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios Él les hizo casas”.

Yo admiro a estas mujeres, ellas sabían que sus vidas y las de sus familias peligraban al no cumplir la orden del rey, pero me imagino a ellas decir como dijera José, aquel joven incorruptible: “Cómo haría yo este gran mal, y pecaría contra mi Dios”. Ante todo, triunfó el temor de Dios. El temor a Dios no es miedo, sino una actitud de profundo respeto y reverencia a Dios, que hace aborrecer el pecado y lleva a guardar los mandamientos de Dios. La valentía de estas mujeres ante aquel rey nos deja un ejemplo enorme, que sí podemos decir no, y que sí podemos desobedecer órdenes superiores cuando van en contra de nuestro Dios. También encontramos la fidelidad de Dios en la forma que las bendijo, porque ellas obedecieron a Dios antes que a los hombres y ese es el principio bíblico. Por eso esas mujeres fueron premiadas por Dios, y sus familias fueron multiplicadas.

Alguien dijo: “Aquel que procura asegurar el bienestar ajeno ya tiene asegurado el propio”.

Estas mujeres nos dejan una enorme enseñanza; el temor de Dios. Su fe y valentía nos inspiran a servir de corazón a nuestro Dios. Hoy ya lo que es válido por la ley es el aborto y otras tantas cosas en contra de las leyes de Dios, como el divorcio y muchas más, pero nosotras, las que tememos a Dios, digamos “no”, como Sifra y Fúa, es menester servir a Dios antes que a las hombres, y siempre tendremos la bendición del Señor.