arpa Qué sublime es alabar a mi Señor, porque es honrarle, y muchas cosas más que Él se merece por ser nuestro Dios y Salvador. Loado sea por los siglos y exaltado el Rey de Reyes coronado. Divinízale, porque sólo Él es santo, santo, santo. Ensalza Su nombre, porque es grande y asombroso. ¿Quién como nuestro Dios? “Afirmó el mundo y no se moverá. ¿Quién subirá al monte de Jehová y quién estará en el lugar de su santidad? El limpio de manos, y puro de corazón, el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño.”

Engrandece a tu Señor por ser lo que es; a su mandato el mundo se formó, desde el principio separó las tinieblas y a Su llamado apareció la luz, y del caos total, trajo armonía y encanto para nuestro deleite y bienestar, porque Él puede hacer todas las cosas y sin Él nada de lo que hay existiría. David le glorificaba extasiado y decía: “Cantad alegres a Dios habitantes de toda la tierra.” “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendigan todas mis entrañas su santo Nombre.”

¡Aleluya! Mi Señor, a ti será siempre mi alabanza, si de un puñado de tierra formaste al hombre y lo hiciste dueño y rey de todas las cosas, y el mundo lo formaste a la perfección. Nos envías cada día el sol que ilumina y también la hermosa luna, la lluvia, la niebla y el rocío que destila del cielo, y has puesto praderas y levantas imponentes los montes, y haces cantar al gorrión para alegrar el corazón, y has vestido de ternura a la paloma; haces crecer el lirio, y el milagro de abrir un botón en rosa perfumada para embellecer, y dístele trabajo a la hormiguita, y bellas mariposas has formado de los gusanos, con sus preciosos colores; y al elefante lo engalanaste con su trompa, al león lo llenaste de fuerza y al tigre de hermosura; y nos asombramos de la majestuosidad del pavo real que has creado; el mar inmenso respetado con sus olas embravecidas, las rocas tersas y firmes, ¡oh Señor Jehová! “Cuán muchas son tus obras, cuán grande es tu nombre en toda la tierra“.

Alábale, porque grande son sus maravillas y portentosas. Amén. El hombre no puede comprenderte, pero sí puede alabarte, no sólo con su canción, también en su espíritu. Yo quiero que todo mi ser y cada una de mis fibras te alaben.