Cuando era niña, la navidad me atraía por todo lo que representa las fiestas navideñas; los regalitos, el aroma exquisito con que ella nos envuelve, las sabrosas comidas, el estar juntas las familias. Son muchas las cosas que hacen lindos estos días, pero al alcanzar conciencia de lo que es la Navidad tuve un sentimiento de profunda gratitud hacia mi Señor, y aún siendo muy pequeña, un día exclamé: “Lo hiciste por mi causa, viniste a nacer, a sufrir, a morir, por la humanidad, y ¿cómo pudiste?” la única respuesta que puedo dar, aunque no lo entienda del todo, es:“Es por tu inmenso amor”.

Que la Navidad siga siendo preciosa, sabiendo que el mejor regalo ya nos lo dio el Señor, habiendo nacido y dándose en ofrenda.  Que en esta navidad haya un profundo reconocimiento, una adoración constante y una alabanza digna para la celebración de este día. Que el niño de Belem nazca cada día en nuestro corazon, que traigamos un derroche de amor, paz y buena voluntad para con todos los hombres.  Que brote de nuestro interior un sin fin de cosas buenas, porque eso es lo que hemos aprendido de la Navidad.

Estos días en los que celebramos el nacimiento de Jesús, el perdón debe hacerse notorio en nuestras vidas, para que sea completa esta celebración. Que haya risa en todos los hogares y un gozo permanente, porque un día nació el redentor del mundo, trayendo con Su llegada, esperanza, perdón, paz y amor a cada corazón. Esa es la belleza de la Navidad.