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¡Como han pasado los años…! Hoy vuelves a cumplir, bendito sea el Señor que nos permite regocijarnos en este día, dándote un año más de vida. ¡Felicidades Suny! Hermana querida.

Que Dios te siga guardando en su amor. Ya somos abuelas de unos cuantos nietos y parece que fue ayer. Recuerdo cuando fuiste a mi aula a compartir conmigo un pedacito de la galleta que te habían regalado. No te la querías comer sola. Era imposible para un corazón como el tuyo. Para ti era mejor estar acompañada de tu hermana, aunque tuvieras menos. ¿Cómo pudiéramos llamarle a este gesto? Amor desbordado, o amor del puro, del bueno. ¡Qué suerte tengo de tenerte por hermana! En ese momento que estuve contigo, se ausentó mi timidez, y con qué gusto me devoré mi pedacito de galleta. Me sentí tan amada, y no sólo eso, me sentí protegida. ¿Qué no serías capaz de hacer por mí? Si, olvidando la vergüenza y… todo lo demás, me llamaste, le pediste permiso a nuestra maestra para compartir una galleta. El tiempo, que es el encargado de ocultarlo todo, no ha podido borrar esa acción de amor, quiero decirle al mundo, que mi corazón explota de dicha por tener una hermana como tú.

Hermana querida, sé feliz hoy; te lo mereces. Que Dios te siga guardando en lo profundo de Su corazón y que estés ahí protegida, hasta que Él venga a buscarte.

Recuerda que ni un cabello nuestro cae a tierra sin que el Señor lo sepa, porque Él los tiene todos contados. ¿Qué no sentirá nuestro Padre cuando ve desde los cielos un alma noble, dando todo lo que tiene, con un acto de bondad como el tuyo? Se acaban las palabras, pero el corazón agradece.

Que hoy las campanas repiquen con júbilo, y nuestro corazón dance de alegría porque hay fiesta, una hermana querida cumple años en este día.