Logo_para_Mera Hoy quiero hablar de María la madre de Jesús. María era israelita, conocedora de la ley de Dios, ella vivía en obediencia y apartada del mal. En aquel tiempo las doncellas o jóvenes iban al matrimonio con su virginidad, por orden de Dios, y la joven que deshonrara su familia y la ley de Dios, era apedreada por fornicación o promiscuidad, por lo cual se comprometían y se guardaban puras hasta casarse. Así lo hizo María con José. El evangelio de Lucas nos dice: “Y el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llama José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María, y entrando el ángel adonde estaba dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo. Bendita tu entre las mujeres, mas cuando ella lo vio se turbó, y pensaba qué salutación fuese esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios, y he aquí, concebirás en tu seno, y tendrás un hijo, y llamaras su nombre Jesús. El espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombras; por lo cual también lo santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Entonces María dijo; He aquí la sierva del Señor; hágase en mí conforme a tu palabra. Y el ángel partió de ella”.

Yo, admirada, exclamo: “¡Qué fe y humildad La de María!” Por eso fue que halló gracia, por esa vida de devoción y de obediencia. Fue elegida para ser la madre del Salvador del mundo. Su privilegio ha sido tan grande que no ha sido concedido a ningún otro mortal. Ella no lo entendería todo, pero sí lo aceptó. Cuánto sufrimiento le esperaba a María después que el ángel se fue. Sería criticada, juzgada, incomprendida, pero su respuesta es la más humilde y hermosa que podíamos haber oído, “he aquí la sierva del Señor; hágase en mí conforme a tu palabra”.

¿Nosotros estaremos dispuestos a sufrir como María? ¿Ante el dolor, aceptaremos la divina y misteriosa voluntad del Señor, agradable y perfecta?

María nos indica el camino a seguir para agradar a Dios. Mujer dedicada a obedecer y servir a Dios en humildad, llena de fe, aceptando la voluntad de Dios, teniendo presente que para Dios no hay nada imposible, y aunque tuvo que sufrir como ninguna, ella guardaba todas las cosas en su corazón. Dios nos permita imitar a María, la madre de Jesús.