Logo_para_Mera Leí de un explorador inglés que murió cuando se encontraba a mil metros de una cueva en las grutas de Cacahuamilpa, México, cuando se apago la luz que llevaba. Hace algunos años que, al explorar esas grutas para el turismo, encontraron los huesos del explorador y su perrito, murió por no tener luz para salir de esa inmensa cueva.

A mí me aterra la oscuridad, pienso que ese explorador debió haber pasado momentos terribles, sin poder saber adónde ir, al extremo de alcanzarle la muerte. Pienso que este hombre se encontró, como se encuentra el mundo actual, dentro de una oscuridad de pecado, queriendo salir a la claridad, pero sin saber qué hacer. Yo quiero decirte, querido amigo y lector, que Jesús es la luz que no se apaga. San Juan 8:12 nos dice: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”.

Cuando andamos con Cristo, esa misma luz que Él tiene la podemos reflejar nosotros, porque cuando andamos con Él las tinieblas se van, así como cuando sale el sol la noche va muriendo, y la luz del sol alumbra y podemos hacer lo que queramos. Así es cuando Cristo entra en nuestro corazón, lo ilumina todo, saca lo oscuro, alumbra nuestro corazón, entra el gozo, la paz, hay claridad y nuestra vida toma un giro diferente. Ya no vives bajo el peso del pecado, eres libre y puedes ser una antorcha que resplandezca donde hay tanto odio y maldad. Tú puedes disipar las tinieblas.

Un predicador, al final de su sermón, pidió que se apagaran las luces del salón, que tenía capacidad para trescientas personas. Luego pidió que cada persona encendiera la vela que se le había entregado al inicio del culto. A medida que los creyentes encendían sus velas, el salón se iba iluminando, sin necesidad de luz eléctrica. Eso es lo que sucede cuando nosotros reflejamos a Cristo, habrá claridad para todos. Podemos elegir vivir en las tinieblas o andar en la luz.

Cristo alumbra a todos como la luz del sol, a blancos, negros, feos, bonitos, ricos, pobres, no hay para Él diferencia de color ni raza, todos somos iguales. Si le buscas, Él alumbrará tu vida para siempre y serás una antorcha que resplandezca con la luz de Cristo que es la única que no se apaga.

La oscuridad, como un negro telón, está cubriendo cada vez más al mundo, porque su fin se aproxima. No te dejes envolver en su noche de pecado, porque allí tan solo encontraras destrucción y, al final, la muerte. Acércate a Cristo para que Él alumbre tu vida y puedas, con claridad, como cuando amanece el día, vivir limpiamente al lado del que tiene la luz que no se apaga.