14165_watermark Quiero contarles de una amiga que se sentía afligida, sola y triste. Sentía que ya el Señor no estaba cerca de ella; oró y le pidió a Dios que no la abandonara en su vida.

Una amiga le dijo:

-Cuando ores pídele a Dios que te toque y Él lo hará.

Ella derramó su alma al Señor y enseguida sintió que Su mano le tocaba su espíritu, y con emoción exclamó:

-¡Me tocó! ¡Estoy muy gozosa! Querida amiga pensé que era tu mano, porque su toque era como el tuyo.

La amiga se sintió turbada de emoción.

-Era mi mano- replicó su amiga.

En el momento, su amiga dejó notar en su rostro la desilusión que sentía.

-¿tu mano?

-Claro que sí. ¿Crees que del cielo Dios va a mandar una mano de carne y hueso para tocarte en este momento que tú estás en necesidad? La mano que Él usó era la mía que estaba cerca de ti.

-Verdad es cierto lo que me dices, yo he sentido una mano divina dentro de mí, que ha sido el reflejo interno de la tuya y puedo decir como Isaías el profeta: “No se ha acortado la mano de Jehová”. (Isaías 59; 1)

Querido amigo y lector, Dios tiene poder para alargar su mano desde los cielos y tocar a cualquier persona que confía en Él. Sus brazos de amor están dispuestos para socorrer al afligido y necesitado, pero muchas veces Él usa a los que están más cerca de nosotros para consolarnos, para alentarlos, para llenarlos de paz. El Señor envía a sus mensajeros aquí en la tierra, que son esas almas dispuestas para dar amor al atribulado y consolar al alma afligida, y de esa forma tú puedes sentir el calor de Dios en un toque, en una palabra. No desprecies a nadie que te de una palabra de aliento, o un pequeño consejo, porque puedes estar despreciando la ayuda que tanto necesitas. Dios envía al que Él quiera y de la forma que menos tú esperas, para tocar tu alma.

Espero que esta anécdota, junto con este bello himno pueda hacerte glorificar a Dios, y entender cómo Él trabaja muchas veces en tu vida.

Recibe el toque por medio de esta receta para el alma.