Logo_para_Mera

Me cautivan las historias de las mujeres de la Biblia, porque en ellas encuentro ejemplos brillantes.

Era en una de las primeras iglesias donde había una muchacha llamada Tabita, que traducido quiere decir Dorcas. Vivía en Hope, cerca de Lida, donde vivía el apóstol Pedro. Ella enfermó y murió, y enseguida llamaron a Pedro para que orara por ella, porque ellos respetaban la fe en el Dios en quien Dorcas confiaba. Cuando él llegó, todas las viudas le rodearon llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. Su amor y servicio de costurera le había ganado el amor de todos. Pedro, puesto de rodillas, oró a Dios, y viendo el cuerpo dijo: “Tabita, levántate”, y ella se levantó. Ese milagro corrió por toda Hope de donde ella era, y ese era el tema de conversación. Pedro tuvo que quedarse unos días, porque el ejemplo de Dorcas hizo que muchas personas se interesaran en conocer de Dios.

Dice la historia que Dorcas era llena de buenas obras y hacía limosnas. La Biblia habla poco de ella y, sin embargo, es un ejemplo para nosotras las mujeres, respecto a la importancia de ayudar a los demás. Ella podía pensar que no era una mujer de muchos recursos como otras, y que por lo tanto no tenía que realizar ningún tipo de ayuda, pero Dorcas, tan solo con hilo y aguja, dejó un ejemplo que nunca se extinguirá. Trabajaba con pasión por aquellas personas tan necesitadas, ella comprendió exactamente lo que le agradaba a Dios, y por eso su trabajo era realizado con ánimo y voluntad pronta y pudo experimentar lo que es el cumplimiento del deber en su vida mientras trabajaba con sus manos. Ella hacía lo que sabía, cocía para las viudas, y con eso ponía en acción las palabras de Jesús: “Estuve desnudo y me cubriste”.

A veces nos paralizamos viendo tanta necesidad que nos rodea, sabemos que no podemos cubrir las necesidades de todos, y eso hace que ni intentemos ayudar a los pocos que tenemos nuestro alrededor y que sí podemos ayudar. Estamos tan sólo llenos de deseos de hacer algo, y así nos quedamos.

Tal vez no sabemos coser como Dorcas, pero tal vez sí sepamos cocinar, y podemos mitigar el hambre en alguna familia. Podemos ayudar a limpiar una casa de alguna persona que esté necesitada, cuidar de algún niño para que una madre descanse, ayudar a hacer la tarea a algún estudiante que se sienta abrumado, o leerle a alguien que no sabe o está ciego. Visitar a algún enfermo, es decir, la lista es enorme, si hemos comprendido la grandeza que hay en servir, no nos detengamos, no es para aquel que sabe más, es para cada uno de nosotros, con lo que tengamos, hagamos uso de ello.

Que queden nuestras obras buenas cuando pasemos de este mundo. Hoy día hay muchas organizaciones que desempeñan sus funciones con el fin de ayudar a otros, con el nombre de Dorcas. ¿Lo haremos?