Danny no levantaba dos cuartas del piso cuando ya decía “thank you”, con una entonación única, acentuándola en la última palabra.  Los que lo oían reían y lo hallaban increíble.

          Una vez vino a mi casa Dunia y le trajo un caramelo.  “Thank you”, le dijo Danny saboreándose.  Dunia no lo podía creer, estaba asombrada de cómo un niño tan pequeñito le daba las gracias.  Lo mismo hacía cuando lo llevaba al banco.  Allí les dan golosinas a los niños y cuando Danny los recibía les daba las gracias.  Las empleadas del banco se quedaban asombradas.

          Yo no sé si eso le nace naturalmente a Danny, o si ha sido producto de mi enseñanza, ya que siempre que él se porta bien yo le doy las gracias, pero como quiera que sea, él siempre da las gracias, hasta cuando le pregunto que si quiere comer, me dice: “No Ma, thank you”.

          Yo me pregunto: ¿Sabemos nosotros dar siempre gracias?  ¡Qué linda es la gratitud!  Tenemos tanto que aprender y es tanto lo que recibimos.  La vida es un don de Dios, y el aire que respiramos y todo lo que tenemos es por su grande misericordia…

          Seamos agradecidos con Dios y con los que nos rodean y por cada acción que recibas, por pequeña que parezca, como lo es recibir un caramelo, di como Danny: “Thank you! ¡Gracias!”