Cuando yo era jovencita -ya ha llovido mucho desde entonces-, sufría por todo, porque sentía todo muy profundamente.  Un día en mi inocencia le pedí a Dios que me hiciera insensible, pues yo me sentía exageradamente sensible y por cualquier cosa me ponía muy nerviosa y me angustiaba mucho.

Como padecía de eczema en los pies, me veía obligada a pasar largas horas dentro de mi casa, ya fuera acostada en la cama o sentada en un sillón.  Aquella era una época de fuertes enfrentamientos de poderes políticos en Cuba.  Se escuchaban dentro de mi casa los tiroteos de los soldados en la calle y yo me ponía tan nerviosa que me metía debajo de la cama y oraba sin cesar.  Le prometía a Dios tantas cosas; fidelidad, fortaleza, confianza, en fin, todo lo que se me ocurría en ese momento se lo prometía a Dios para que tuviera piedad de mí y quitara de mí el miedo que me causaban las cosas a mi alrededor.

Después de las promesas que le hacía a Dios, comenzaba mi petición, la de ser insensible para no seguir sufriendo… Pero cuando pasó la balacera y me acosté nuevamente en la cama, me puse a pensar en aquella petición.  "¡Qué horror!" dije.  Una persona sin sentimientos, fría, insensible y dura… Cuando yo medité en eso, locura de mis pocos años sin saber qué pedía, dije: "No Señor, yo no quiero ser esa persona, por favor Señor, no escuches esa loca petición que he hecho ciegamente a causa de mi dolor.  Déjame como soy y ayúdame, que contigo podré hacerle frente a todo y tú me ayudarás a triunfar… Yo sola no, pero contigo sí."

Nunca más se me ha ocurrido hacerle una petición así a mi Dios.  Siempre le he pedido fuerzas para soportar los embates, y Él me las ha dado…

A veces no sabemos pedir, pero en ese momento deja que el Señor sea el que pida por ti, y una cosa sí sé, que Él nunca te abandonará.  Él, como poderoso gigante, estará a tu lado para socorrerte y si el dolor es mucho, repite con el escritor:

 

"No te dejes abatir por la tristeza.  El dolor acaba.  Espera que te llegue el alivio del tiempo, con sus manos llenas de bálsamo.  La acción del tiempo es infalible, y nos conduce suavemente por el camino seguro: alivia nuestros dolores al modo que la brisa suave mitiga los ardores del verano.  Más rápidamente de lo que esperas, la respuesta llegará, con el consuelo que necesitas."