Detrás de mi casa hay un arbolito cargado de nísperos.  A mi nieto Danny y a mí nos gustan mucho y hoy recogimos unos cuantos para comer.  Mientras comíamos, recordé a Marcelino Alemán, él fue quien sembró ese arbolito en el patio de mi casa.

Antes de sembrarlo, Marcelino, que estaba muy enfermo, vino un día a pedirnos permiso a Daniel y a mí para sembrar la matita de níspero .

          –Claro Marce –le respondió Daniel.  Nosotros siempre le llamábamos Marce cariñosamente-, esta es tu casa.

          –Marce –le dije-, todo lo que usted quiera, además, a mí me gustan mucho las plantas.

          Él sabía que no iba a poder comer de su fruto, porque estaba muy enfermo, pero quiso dejarnos ese recuerdo.  Y así fue.  Marce murió, pero nos dejó este arbolito de níspero que se ve tan hermoso y saludable, y todos los años nos deleitamos comiendo sus frutas, y hasta las visitas disfrutan de estos deliciosos nísperos.

          Yo tengo lindos recuerdos de Marcelino.  Él nos quería mucho, y siempre que lo necesitábamos para cualquier trabajo de reparación en la casa, él con mucho amor nos lo hacía.  Todo lo que tocaban sus manos quedaba magníficamente hecho, como suele ser cuando el servicio a nuestros hermanos se brinda con amor.

          Mi hija Marilyn y yo tuvimos la oportunidad de estar con él momentos antes de su muerte.  Intentó decirnos algunas palabras, pero la enfermedad lo tenía tan debilitado que no pudimos entender lo que nos decía.  Tenía un rostro hermoso, su semblante irradiaba paz, como quien se va sin deberle nada a nadie.  Su afable serenidad inundaba el espacio donde descansaba, y contagiaba a todo el que le viera.

          Marcelino tuvo la oportunidad de pedirles perdón a todos los que él creía que había ofendido y alcanzó la paz con Dios…

          Esa madrugada descansó, pero sus obras no han muerto.  Y hoy, mientras disfrutamos comiendo los deliciosos nísperos Danny y yo, no puedo menos que recordar a nuestro querido amigo y hermano Marcelino, que en cada fruta que arranco del arbolito que él nos sembró, siempre estará su recuerdo…