El catorce de este mes de Febrero fue un día muy lindo aquí en Kingwood.   Ese sábado en la noche le dieron un toque romántico y bello al salón donde nos reunimos las parejas, matrimonios, enamorados y amistades.  Hubo presentaciones muy lindas, una cena exquisita, y nuestro director Joel Mondéjar nos habló una vez más de lo importante que somos para él y cuánto nos ama.

Todo fue hermoso, pero en el momento que pasaban todas las parejas, al escuchar la marcha nupcial, dije para mí: “Renovando los votos”, y recordé que mi esposo y yo habíamos tomado ya esa decisión.   La vez que nos comprometimos nuevamente él me dijo cuánto me necesitaba y yo le dije cuánto le amaba.  Y nuestra intención es seguir hasta que la muerte nos separe, en las buenas y en las malas.

En todos los matrimonios a veces se presentan situaciones muy difíciles y cuando no logramos detenernos a reflexionar, la angustia que la crisis representa se hace insoportable y la intolerancia a la frustración aumenta día a día.   No vemos la manera de hacerle frente a las diferencias en la convivencia.  Entonces la separación resulta para nosotros como el único escape al conflicto de la relación.

"A veces nos enamoramos de falsos espejismos y perdemos lo verdadero", ha dicho alguien.  También las causas pueden ser otras, como perder las prioridades o no darnos cuenta del verdadero significado de la unión del matrimonio.

Renovar los votos, de corazón y de verdad, debe ser para todo cristiano una forma de agradar a Dios, porque estamos conscientes de aquel día cuando nos prometimos amor eterno.  Fue un pacto para toda la vida, y cuando se quebranta una promesa que se hace ante Dios, debe renovarse, y más tratándose de algo tan sagrado como lo es el matrimonio.

La unión conyugal tiene el sello y la aprobación de Dios, y como tal, debe ser hasta que la muerte la separe…  Porque “lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.”  Renueva tus votos antes de desagradar a Dios…