Febrero es el mes del amor, y los jóvenes enamorados buscan libros de poesías, CD de música, arreglos florales y chocolates para regalarles a aquellas personas que han conquistado sus corazones.  Como yo no soy tan joven –aunque sigo estando muy enamorada de mi esposo-, se me ha antojado que mi esposo quiera conquistarme otra vez.  Y es que, cuando pienso en aquellos tiempos no puedo dejar de emocionarme.  Sus atenciones, sus sonrisas, su galantería, fueron algo especial.   

         La entrega a la conquista es sumisión del corazón, rendimiento absoluto a ese sentimiento del que nunca podemos ni queremos escapar: el amor.  El gran error de la mayoría de los conquistadores y conquistados es pensar que todo termina ahí. Pero es precisamente entonces cuando empieza la conquista. Es una dicha  poder ser novia, esposa, madre, pero tenemos que vivir aprendiendo a dar y a recibir amor y comprensión de la persona que amamos. 

Si cada día al levantarnos declaramos:  “Hoy es día de conquista”.  ¡Qué agradable sería todo!  Nos saludaríamos con sonrisas y abrazos.  Nos adelantaríamos a un mismo tiempo para servir. Nos pediríamos disculpas por algún descuido.  Nos colmaríamos de atenciones y halagos.  ¿Se imaginan un hogar así?

Queridos amigos, en este mes del amor, probemos a vivir así en una constante conquista, no sólo del corazón de nuestro cónyuge, sino también el de nuestros hijos, nuestros hermanos, y de todo el que tenga la suerte de pasar a nuestro lado.  Recordemos que cada conquista es sólo un reflejo de aquella a la que debemos nuestra existencia:  La conquista del cielo.