Oración de gratitud

noviembre 22nd, 2017 Autor: Merari

Que brote de mi alma y corazón toda la gratitud que hay en este día de acción de gracias, por tu amor, mi Dios, hacia mí, y a todos los que amo.   Gracias por morir un día en la cruz por pagar mi deuda, y con ella darme la gracia de la salvación.  Por la salud física, precioso y valorado tesoro de la humanidad, ya que siendo de edad avanzada todavía disfruto de la presencia de mi madre y hermanos.  Por mi linda y grande familia, por mis hijos, por esas joyas invalorables que Tú nos prestas, y que extiendes con los nietos.  Este año me diste otro bello bebé, para alegrarnos en esta candente peregrinación, cuyo final ya está acercándose.

Gracias por cada uno de los momentos en los que nos has suspendido, para poder seguir sin detenernos, porque has estado  todo el tiempo mirándonos y auxiliándonos.  Has salido a  limpiar la atmósfera para que nuestros pulmones trabajen mejor.

Gracias porque he  podido sonreír aun cuando ya podía haber olvidado cómo hacerlo.  Gracias también por las lágrimas que derramamos, nos hacen recordarte.

Gracias por permitirnos un año más estar en pie de lucha, y lo más importante, creyendo en Ti, con la misma esperanza de verte un glorioso día, cuando aparecerás para llevarte contigo los tristes suspiros y cualquier amargura del corazón estrujado por las incomprensiones y los tantos pesares que aparecen como fantasmas silenciosos.

Mi mayor gratitud es que sigues dándome fe.  Cuánta tristeza siento por los que no pueden tener posesión de esta perla de gran precio, la fe, este don que me mantiene viva como viendo al invisible.  Gracias Señor, y permite que no olvide ninguno de tus beneficios.  Hoy hay abundancia de pan en mi mesa, donde han venido los hijos y familia agradecidos, a darte las gracias con su presencia.

Recibe, Señor, mi gratitud, que todas las fibras de mi ser se estremezcan contando Tus bondades y Tu grande amor, de la que no soy merecedora.

A Ti toda la gloria la honra y el poder.

¡Aleluya! ¡Amén!

 

Gracias Pastor

agosto 20th, 2017 Autor: Merari

Hoy se celebra el día del pastor.  Es para mí un buen momento para decirte: ¡Gracias pastor! Porque  me has demostrado que tienes en tu corazón a cada una de las ovejas que Dios ha puesto en tu cuidado.  Cuánta bendición eres en la vida nuestra.  No sólo a nosotros, los mayores, nos llenas de ternura y comprensión, sino también a los jóvenes, que son tu gran preocupación.  Tu amoroso corazón se compunge cuando se desvían en su falta de madurez.  Y qué decir de los niños, que son tu mayor tesoro, ya que Dios te ha premiado con un bello pequeñito.  Tu preocupación es constante, como constantes son tus ayunos y oraciones.  Toda la congregación tiene algo que agradecerte, pastor Eddy, tú eres una inspiración con tu vida de servicio y entrega.  Te admiro por tu obediencia y perseverancia ante el llamado de Dios.

 

Gracias por sacrificar, en ocasiones, el tiempo que debes a tu familia, y hasta interrumpir tu descanso para acompañarnos cuando te hemos necesitado.  Tus oraciones y palabras han sido un bálsamo en los momentos de aflicción.  Esa palmadita en la espalda, ese abrazo amoroso, han sido como la energía para volvernos a levantar.  Tienes una gracia especial dada de Dios para aliviarnos de cualquier mal.  Con tus bella anécdotas y tu buen carácter, y sabes cómo corroborarnos en la  fe en Dios, en cualquier momento que lo necesitamos, porque siempre tienes la palabra precisa.

 

Hoy, con alegría y con el amor de Dios en mi corazón, te digo que es una bendición llamarte mi pastor. Dios bendiga tu familia, que es la mía también.  Gracias por ser nuestro padre espiritual, porque cada día aprendemos más de tus sabias enseñanzas, porque he comprendido en estos años la apremiante necesidad de amar al prójimo, así como lo manda el Señor, y con tu ejemplo me has motivado a amar cada día más a Dios.

 

Por esto y otras cosas más no podía dejar de decirte en este día:

 

¡Gracias Pastor!

 

 

 

 

 

Aviva el fuego de Dios

abril 12th, 2017 Autor: Merari

Cuando comparamos lo que leemos en la Palabra de Dios con lo que vemos en el mundo, las cosas parecen estar al revés.  El pecado es exaltado y la justicia ridiculizada.  Hoy más que nunca vemos la necesidad de que el fuego de Dios quema todas las impurezas que saturan la sociedad.  Por eso te digo: “Aviva el fuego de Dios en ti”.   El fuego de Dios quema lo malo en ti y deja lo bueno.  El Espíritu Santo quiere moverse poderosamente en nuestros corazones, pero tenemos que mantener encendida la llama de nuestras antorchas.

Pero ¿cómo   lograrlo? ¿Estamos leyendo suficientemente Su Palabra? ¿Cómo está nuestra vida de oración? ¿En qué empleamos nuestro tiempo? ¿Estamos sirviendo al Señor en algún ministerio? Antes de ir al descanso, ¿le hemos hablado a algún alma de Jesucristo? ¿Hemos consolado a alguien?  El apóstol Pablo le habló a su hijo espiritual, Timoteo: “Por lo cual, te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti”; En otras palabras, atiza el fuego.  Si ves que está por apagarse la llama, junta la leña, sopla, y deja que arda.  Si vives en el fuego de Dios, no importa si te meten en un horno de fuego ardiendo, tú estarás  alabando al Creador. Cuando Juan Bunyan fue quemado en la hoguera, murió con una sonrisa en los labios.

Aviva el fuego de Dios, para que por tu luz muchos vengan al conocimiento de la verdad.

 

Sé íntegro

marzo 20th, 2017 Autor: Merari

Ser íntegro significa tener devoción incondicional a nuestro Padre celestial.  La persona íntegra se esfuerza por agradar a Dios en todo lo que hace,  pues eso es lo que leemos en Su Palabra.  Para ser íntegros tenemos que seguir los pasos de Cristo.  No podemos demostrar nuestra integridad solamente con palabras, sino con nuestras acciones.  Es posible ser una persona honesta sin ser íntegra,  porque la honestidad dice lo que hacemos, pero la integridad habla de lo que somos; la honestidad habla de lo que decimos, pero la integridad habla de lo que pensamos; la honestidad habla de nuestros actos públicos, pero la integridad habla de lo que hacemos aunque nadie nos vea; la honestidad es buena, pero necesitamos gente íntegra.

Si somos  provocados a una pelea ¿qué hacemos? ¿Respondemos a sus provocaciones o logramos irnos de ahí? Estamos solos buscando cierta información en el internet y, de repente, aparece una ventana con un enlace a un sitio inmoral, ¿hacemos clic o lo cerramos?  Estamos conversando con un amigo, y en un momento dado la conversación cambia de tono, y comienza a hablar mal de alguien, ¿qué haremos? ¿Le seguimos la corriente o cambiamos de tema?  Todos los días se pone a prueba nuestra integridad.  Tenemos que huir de todo eso como si fuera veneno para nuestras almas.

¿Podremos repetir juntamente con Job? “Hasta morir no quitaré de mí mi integridad”. ¿O con David? “Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, y conforme a mi integridad” Pidamos a Dios ser íntegros.

“Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad”.

 

Señor, dame uno más

marzo 12th, 2017 Autor: Merari
“Señor, dame uno más” fue la petición de Desmond Doss, quien recibió la mejor medalla de honor al rescatar setenta y cinco personas heridas en la segunda guerra mundial.  Cada vez que rescataba a uno, volvía y decía: “Señor, dame uno más”.    Vi los cuerpos de esos heridos en una fría guerra de destrucción del hombre contra el hombre, una masacre de personas, y este hombre incapaz de tomar armas, por lo que tuvo que sufrir mucho por guardar lo mandamientos.  Él, lo único que quería era servir como  doctor a los que lo necesitaban, y pudo obtener un trabajo brillante, por el amor con que se distinguió, rescatando personas heridas, bajo una lluvia de balas que le rozaban, y no por eso tuvo miedo.  Cumplió su trabajo a cabalidad. Viendo todo esto, fui compungida en el espíritu y le dije: “Señor, dame uno más para Cristo”.
Cuántas almas hay heridas del pecado que se están perdiendo, esperando por nosotros.  Pidamos a Dios uno más para Cristo.  Salgamos a la guerra contra el pecado.  Algunos están encadenados, otros atormentados.  Vayamos al campo de batalla a buscar al perdido.  Ya Cristo viene y nos dará la mejor medalla, la vida eterna con Él en los cielos.  Cumplamos la comisión: “Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura”.
 
“Oh Señor, ayúdame a ganar un alma, para Jesús, hoy”.

Tan solo un vaso de agua

diciembre 13th, 2016 Autor: Merari

 

Cómo se alegra el Señor cuando nosotros proponemos en nuestro corazón ayudar al necesitado. Nosotros, la familia de Dios, funcionamos mejor cuando trabajamos juntos.  Debemos esforzarnos para ayudarnos los unos a los otros en nuestra iglesia, así como en la comunidad.  

Mi esposo Daniel es un hombre generoso, y cada vez que yo veo que ayuda al prójimo, con prontitud y desprendimiento, pienso que la bendición de Dios no le va a faltar, ni a él, ni a nosotros su familia. Que nos amemos y unamos como hermanos, eso es lo que quiere Dios.  Teresa de Calcuta dijo: “Amar al prójimo debe ser tan natural como vivir y respirar”.  

La pregunta más urgente y persistente en la vida es: ¿Qué estás haciendo por los demás? “Tender una mano al necesitado es dar un pasito para acercarse más a Dios”. “Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad”, dijo José Martí.  No tienen que ser cosas tan grandes que no podamos cumplir o nos hagan sentir agobiados.  Pueden ser pequeñas cosas, que aunque no les demos mucho valor, es posible que se conviertan en inolvidables.  Cosas tan simples como un apretón de manos, una sonrisa, unos buenos días quizá pueden cambiar los pensamientos de otras personas.  No sabemos por el sufrimiento y la soledad que está pasando nuestro prójimo, y haciendo esto podemos aliviarle y hacer ver que le amamos.  Dijo el Señor: “Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa”. ¡Tan solo un vaso de agua!

“El hombre generoso será bendecido, porque comparte su alimento con el pobre”.

 

En esto pensad

diciembre 5th, 2016 Autor: Merari

 

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad”.

Es muy importante que tomemos el control de nuestros pensamientos,  porque de lo contrario nuestros pensamientos van a afectar nuestro estado de ánimo.  Y nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver con nuestra vida espiritual.  No somos responsables por cada pensamiento que nos pasa por nuestra mente, sino sólo por aquellos que guardamos. Los pensamientos negativos nos separan de Dios y apagan el fuego del Espíritu Santo.  Nuestro enemigo tratará siempre de dañar nuestros pensamientos, para quitarnos el poder que Dios nos da.  Su meta es que pensemos en todo lo que es falso, en lo que es deshonesto, en lo injusto, en todo lo impuro, en lo que no es de buen nombre, en lo que no tiene ninguna virtud ni nada digno de alabar.  Su trabajo es ese,  distraernos, afligirnos, quitar de nuestros corazones el gozo del Señor,  y de esa manera vencernos.

Como humanos vamos a tener preocupaciones, pero fijemos nuestros pensamientos en la grandeza de Dios y de Su Palabra. Cuando nos preocupamos mucho estamos dando a entender que no creemos y nuestra confianza en Dios la estamos poniendo en duda.  Y eso quita nuestro gozo para servir a Dios.

Amado hermano,  deposita todas tus  ansiedades o preocupaciones sobre Él, no importa cual sea tu petición, deja todo cuanto está fuera de tu control a la sabia disposición de Dios, porque Él cuida de ti.

 

“Tener pensamientos sanos es clave para el verdadero éxito”.

 

 

 

LLévame al madero

noviembre 8th, 2016 Autor: Merari

 

Hace poco oí un bello himno que parte de la letra dice así: “Si acaso se me olvida, si acaso se me pasa, llévame al madero, donde empezó nuestra amistad, llévame a la cruz, solo allí hay restauración, acércame, yo te necesito, solo allí hay amor”.

Lo encontré tan hermoso.  Considero que es también mi sentir. ¿Habrá una amistad mayor o mejor, o más fiel, o más segura? ¡Yo no he encontrado otra igual! Que me haga sentir mejor, ni más segura, que permanezca en el mismo lugar.  Aunque me distraiga y me aleje y lo olvide, no hay otro que me comprenda de igual manera, que se preocupe y que me ame como Él.  

Solo llévame a la cruz, solo allí hay restauración, vida nueva y abundante.  Acércame, yo te necesito Señor, porque solo en ti hay amor sin medida, sin condiciones, Tú me aceptas tal como soy.  Aleluya a tu Nombre.  Si te tengo a ti, hay paz y seguridad en mi vida.  Me quiero refugiar siempre en tu cruz y en tu bendito amor.  Jamás podré comprender tu inmenso amor, pero si algún día se me olvida, llévame al madero, allí donde te colgaron y clavaron para pagar mi deuda.  No había otra forma.  Allí estuviste de acuerdo en sufrir tanto para darme la salvación.  Nunca podré pagar, ni aun de rodillas, toda mi vida, tal gracia, tal sacrificio, pero sí puedo agradecerte y amarte y vivir cerca de ti.  Si me lo permites, aun en mis torpezas y descuidos, ¡refúgiame! Y que no seas Tú el que me olvide, y si a mí se me olvida, te vuelvo a pedir: “Llévame al madero, a la cruz, donde vertiste tu sangre para lavarme”.  Gracias Jesús amado.

 

“La vida no da garantía, cada momento importa, y el amor es el que perdura”.

 

Mi tercer hijo

octubre 24th, 2016 Autor: Merari

Cuando a mis padres los trasladaron de Union City, Nueva Jersey a Tampa, Florida, Daniel y yo fuimos a vivir un tiempo  con ellos. Estando viviendo ahí  salí embarazada de nuestro tercer hijo.  ¡Qué experiencias más maravillosas tenemos las mujeres! Nuestros hijos, cargándolos dentro de nosotros por nueve meses, y qué manera de quererlos sin conocerlos. Cuando ya llegó el tiempo, se presentó el nacimiento, tuve un parto normal.  Un niño saludable y hermoso, a quien le pusimos por nombre James.

¡Qué excelencia de destreza! Aun sin ser instruidas para ser madres, nos desenvolvemos de una forma increíble para educar y cuidar de esos pedacitos inocentes, que dependen enteramente de nosotras. Estos son los bellos momentos,  que vivimos intensamente, sabiendo o sintiendo que ellos son el don más preciado de la vida.  Es lo que más amamos.  Hacemos lo que tengamos que hacer por el bien de ellos, y sacamos fuerzas,  cuando sentimos que se nos agotan, para luchar por ellos.  Mi papá me decía que yo era como una gata con sus gatitos, dispuesta a sacar las uñas y rasguñar a cualquiera por ellos.  Yo digo que no he sido la madre perfecta, pero sí puedo decir que me he entregado toda en cada acto que he realizado para cuidarlos.   Siempre he dicho que cuando ellos nacen es trabajo de toda la vida, no solamente de unos cuantos años, nunca se termina, pues aunque los veamos grandes y realizados, sentimos en nuestro interior que todavía son nuestros pequeños niños indefensos, que necesitan de nosotros sus padres. Después vienen los nietos, y así nuestra vida se amplía con cada uno de ellos.   

Que tristeza cuando se enfermaban, cuando se negaban a comer, o cuando ya crecidos comenzaron a tomar sus propias decisiones, he tenido que orar mucho, para que se mantengan con la fe en Dios en sus corazones, que desde pequeños le hemos enseñado, y sigan el buen camino que los llevará al cielo. Bendito sea el Señor quien es el que siempre me ha auxiliado, cuando por momentos creía que no podía.  

Ya tenía tres hijos, Marilyn, mi primogénita, Isaac, a quien cariñosamente le decimos Macho, y James. Tengo tantas experiencias y anécdotas de ellos, que nunca podré olvidar.  Y fluyen los recuerdos.  James fue el más intranquilo de todos, parecía que tenía azogue.  También fue el más romántico.  Él era el que me escribía poesías en la escuela y me las traía. Fue el más apegado a mí.  Todos son diferentes, y aprendí que  hay que tratar a cada uno según su carácter.

Recuerdo que en ese tiempo estábamos cuidando a un hijo del matrimonio José y Paula Salas, que estaban trabajando fielmente en la obra de Dios, llevando el mensaje a las almas que no conocían del Señor. Florentino Salas, a quien quise mucho, así que eran cuatro niños.  No era fácil, pero Dios me auxiliaba en todo. Glorificado sea por los siglos de los siglos.

Continuará…

 

Jacksonville

octubre 15th, 2016 Autor: Merari

Después de casarme  fuimos a vivir  a Tampa, donde mi esposo Daniel había preparado una pequeña casita para nosotros, pero  solamente pudimos estar, un fin de semana  en ese lugar, pues los apóstoles Florentino Almeida y Samuel Mendiondo que dirijian la iglesia en ese tiempo nos pidieron que fuéramos a Jacksonville, y dijimos presente, con mucha alegría obedecimos al llamado, así que consideré ese lugar, como  nuestro primer hogar. También vinieron a vivir con nosotros la madre de mi esposo, Laura que era viuda,  su hermano mayor Alberto, que padecía de ataques epilépticos. Mi esposo era el que lo cuidaba con mucho amor y responsabilidad,  y su hermana pequeña, Laurita.  Su hermano George ya estaba casado y vivía en Miami, con su esposa, Mayra Martínez.  Allí con paciencia y buenas formas logré ganarme el amor de mi suegra, al extremo que llegué a ser para ella como una hija más.  Por eso también tengo que bendecir el sagrado y dulce  nombre de Jesús.  Llegamos a ser una familia bendecida que trabajabámos y evangelizábamos unidos llenos de amor.  

Construimos una pequeña iglesita que nos quedó muy bonita, y salíamos a buscar almas.  Con cuánto regocijo veíamos cómo la iglesia se llenaba cuando celebrábamos nuestros programas.  Creo que trabajamos bien en ese lugar.  

¡El milagro de la vida! ahí tuvimos la dicha de ser padres.  Nuestra primera hija Marilyn.  “¡Un hijo! Tú sabes, tú sientes que es eso: ver nacer la vida del fondo de un beso por un inefable milagro de amor. Un beso que llene la cuna vacía y que ingenuamente nos mire y sonría, ¡Un beso hecho flor!” Fue un parto natural, pero muy demorado y eso complicó la situación.  ¡Cómo sufrimos! Pues cuando salí del hospital, tuvimos que dejarla a ella ya que fue afectada por lo difícil del parto, comenzaron a darles ataques, pero todo esto era para que nosotros tuviéramos un testimonio más de fe y comprendiéramos mejor el amor de Dios.  Cuando la entregamos en Sus manos, Él, que todo lo puede, nos consoló dándole la salud. ¡Glorificado sea su nombre por los siglos de los siglos! Teníamos locura con nuestra niña, no nos cansábamos de mirarla.  Hermosa, golosita, comía con desespero. ¡Qué maravilla, qué regalo de amor!  Cuánta gratitud a Dios por darnos esa muñequita.  Todos en la casa estábamos perdidos con ella.  La abuela Laura se la quería coger para ella, así como los tíos y tías.  La llenábamos de mimos y cariño, le comprábamos juguetes.  ¡Cómo se quieren los hijos! Después vino, para completar nuestra felicidad, un machito a quien llamamos Isaac.  Antes de casarnos Daniel me había dicho que si tenía un hijo varón, su deseo era que se llamara como su papá. A mi la idea me pareció muy buena. ¡Qué hermosura de niño! Los que lo veían me decían: “así cualquiera puede tener hijos”,  que lo único que faltaba era que saliera caminando y hablando.  Y era verdad, pues se veía tan saludable, tan bello, tan completo. Nos sentíamos inmensamente felices y agradecidos de Dios.

Alberto, no logró ver a nuestro “machito”, porque a la edad de 28 años sufrió una neumonía que acortó su vida.  Qué tristes nos sentimos con su partida pues era muy querido por nosotros, fue un buen hombre, noble y cariñoso.  Él se había casado con Sonia y habían tenido un varón que lo llamaron David.  Tampoco pudo conocer a su hija, pues su esposa estaba embarazada cuando el fallecio.  Mas tarde nació una niña a quien pusieron por nombre Evelyn.

Estuvimos viviendo en Jacksonville cinco años, después regresamos otra vez a Tampa.

Continuará…